Catedral de León



Información básica

Nombre: Catedral de León
Lugar: León
País: España
Comunidad: Castilla y León
Provincia: León
Comarca: Tierra de León
Municipio: León

BIC declarado en 3 de junio de 1931

Tipo de lugar: Monumento: Catedral
Estilo: Gótico

Situación


Coordenadas: 42.59939,-5.567

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La Pulchra Leonina, como así se llama a la Catedral de León es, cronológicamente, la tercera gran seo del gótico clásico en la Corona de Castilla, iniciándose en la segunda mitad del siglo XIII. Es un perfecto ejemplo de gótico francés reflejado en la pureza ascensional de sus líneas y en la exquisita composición de sus 737 vidrieras.

Descripción

Historia

El año 916 fue de suma trascendencia para la historia de la Catedral de León: el rey Ordoño II, que hacía pocos meses había ocupado el trono de esta ciudad, venció a los árabes en la batalla de San Esteban de Gormaz. "Agradecido a Dios por el beneficio que acababa de recibir", comenta el Tudense, cedió su palacio real para que en sus aulas se erigiese el primer templo catedralicio. Todo ocurría bajo el episcopado de Fruminio II, quien, "con la ayuda del pueblo fiel", transformó aquellos espacios en lugar sagrado. Anteriormente al rey Ordoño, habían estado dedicados a termas y otros edificios públicos que la Legio VII había construido a mediados del siglo II, cuando instaló su campamento en este lugar, entre los ríos Torío y Bernesga. Nada queda de estas primitivas edificaciones, salvo algunos restos de mosaicos, tégulas y cerámicas, hoy expuestas en el Museo. Otros, como los hipocáustos, permanecen aún bajo el solar catedralicio.

Siguiendo la tradición cristiana de enterrar dentro de los templos a quienes encarnaban la autoridad "venida de Dios", aquella sencilla catedral muy pronto se vio enriquecida con los restos del rey Ordoño, fallecido en Zamora el año 924. En el epitafio de su tumba, labrada en el siglo XIII, se perpetúa el piadoso agradecimiento del pueblo leonés, por "haber cedido su silla real para sede episcopal".

El templo estaba custodiado y regido por monjes de san Benito, y es muy probable que su estructura fuera muy similar a la de tantos y otros existentes durante la mozarabía leonesa.

Nos hablan las crónicas del paso de Almanzor por estas tierras a finales del primer milenio, devastando la ciudad y destruyendo sus templos. No obstante, parece que los daños ocasionados a la fábrica de la Catedral debieron de ser fácilmente resarcidos, ya que el año 999 era coronado en ella, en un acontecimiento lleno de esplendor, el rey Alfonso V. Tras una sucesión de revueltas políticas y de duras empresas bélicas, hacia el 1067 el estado de la Catedral era de suma pobreza. Ello conmovería al rey Fernando I, quien, después de trasladar los restos de san Isidoro a León, "se volcó en favores a la misma". Con este rey se inició una época pacífica y bienhechora, cosechando grandes triunfos en la expansión del reino cristiano. Era el momento del florecimiento del románico isidoriano.

Con la ayuda de la princesa Urraca, hermana del Rey, se inicia la construcción de un nuevo edificio, acorde con las aspiraciones de la cristiandad románica, y dentro de su estilo arquitectónico. Ocupaba la sede episcopal Pelayo II. Cuando el arquitecto Demetrio de los Ríos, entre los años 1884 y 1888 excavó el subsuelo de la catedral para reponer el pavimento y cimentar los pilares, encontró parte de los muros y fábrica de aquella segunda catedral. A través del plano que él mismo levantó, podemos apreciar como se configuraba todo dentro de la gótica: era de ladrillo y mampostería, con tres naves rematadas en ábsides semicirculares, dedicado el central a santa María, como en la iglesia anterior. Aunque toda ella estuviese ejecutada dentro de las corrientes internacionales, contemplando lo que ha pervivido de su estatutaria, podemos averiguar que tenía su carácter autóctono, utilizándose aún el arco de herradura, al menos como forma decorativa. Se sabe que fue consagrada el 10 de noviembre de 1073. Es de suponer que en ella trabajasen los canteros que lo estaban haciendo en san Isidoro.

Esta catedral se mantuvo en pie hasta finales del siglo siguiente. Cuando accede al trono el último rey de León, Alfonso IX, se asiste en la ciudad y en el reino a un importante cambio social, de creatividad artística y desarrollo cultural.

La leyenda del topo

Sobre la puerta de san Juan, por el interior, cuelga un pellejo, a modo de quilla, que la tradición leonesa ha identificado siempre como un «topo maligno». Según cuenta la leyenda, el topo destrozaba lo construido a lo largo del día durante la noche en los primeros momentos de la magna obra del templo. Impacientándose los leoneses porque la obra de la prometida catedral no avanzaba, decidieron acabar con aquel ser maligno que no dejaba avanzar los trabajos: algunos de ellos lo esperaron durante la noche y acabaron con él a garrotazos. En recuerdo de aquel acontecimiento y en agradecimiento a la Virgen María, titular del templo, la piel del animal fue colgada en el interior de la catedral, sobre la citada puerta, en la fachada oeste.

La realidad que esconde la leyenda es que las obras de la catedral de León se encontraron con numerosos problemas de cimentación, sobre un terreno muy inestable que, ya por entonces, había acogido muchas y diversas construcciones. A ello se unía la hoy conocida mediocre calidad de la piedra empleada, traída de la localidad de Boñar, en la montaña leonesa. Por su parte, lo que hoy podemos contemplar en la penumbra sobre la ya mencionada puerta del templo catedralicio demostró durante los años 90 ser en realidad un caparazón de tortuga laúd, cuyo origen aún es incierto, aunque se presupone que se trataría de la ofrenda realizada por algún hombre de poder a la catedral, insertándose tal elemento en la antigua tradición (clave en la constitución de numerosos museos) del coleccionismo de Antigüedades y Rarezas.

Construcción de la catedral gótica

La construcción de la tercera catedral se inicia hacia 1205, pero los problemas constructivos de los cimientos hicieron que pronto las obras quedaran paralizadas, y no se reemprendiera la tarea hasta 1255, bajo el pontificado del obispo Martín Fernández y el apoyo del rey Alfonso X el Sabio de Castilla y León, siendo esta nueva catedral de estilo enteramente gótico. El arquitecto de la catedral parece ser que fue el maestro Enrique, tal vez natural de Francia, y que ya había trabajado anteriormente en la Catedral de Burgos. Es evidente que conocía la forma arquitectónica gótica de la isla de Francia. Falleció en 1277, siendo sustituido por el español Juan Pérez. En 1289 fallecía también el obispo Martín Fernández, cuando la cabecera del templo ya estaba abierta al culto. La estructura fundamental de la catedral se finaliza pronto, en 1302, abriendo el obispo Gonzalo Osorio la totalidad de la iglesia a los fieles, aunque en el siglo XIV aún se terminaría el claustro y la torre norte, y la torre sur no se finalizó hasta la segunda mitad del siglo XV. Esta prontitud en las obras le da una gran unidad de estilo arquitectónico.

La catedral de León, al igual que su hermana predecesora la Catedral de Burgos, se inspira en la planta de la catedral de Reims (aunque de menor superficie), que bien pudo conocer el maestro Enrique. Al igual que la mayoría de catedrales francesas, la de León está construida con un módulo geométrico basado en el triángulo (ad triangulum), cuyos miembros se relacionan con la raíz cuadrada de 3, al que responden la totalidad de sus partes y del todo. Este aspecto, como la planta, los alzados, y los repertorios decorativos y simbólicos convierten esta catedral en un auténtico edificio transpirenaico, alejado de la corriente hispánica y perteneciente a la más pura escuela de la Champaña francesa, que le ha merecido los calificativos de «la más francesa de las catedrales españolas» o el de Pulchra Leonina, pues si sus rasgos formales se relacionan con el gótico champaniense, sus significados simbólicos y programa arquitectónico están estrechamente ligados con los de la catedral de Saint Denis, la catedral de Notre Dame de París y la catedral de Reims. Geográficamente tampoco es ajena a aquel mundo, pues aunque levantada en la vieja capital de los reyes leoneses, la ciudad era uno de los hitos más importantes del Camino de Santiago, también llamado Camino Francés.

Además de la planta, la catedral de León también está inspirada en la de Reims en la estructura y la forma de las capillas de la girola (aquí poligonales) y el desarrollo del crucero. La influencia de la catedral de Chartres puede notarse en el pórtico occidental. La de León abandona el modelo de la catedral de Reims en los alzados a partir del cuerpo del triforio, pues aquí es diáfano y acoge los progresos técnicos conseguidos en la Sainte Chapelle y la catedral de Amiens.

También influencia francesa es el desarrollo del presbiterio, con la idea inicial de colocar allí el coro según la costumbre de aquellos. Individual leonés es la ubicación del claustro, sin articulación orgánica con el templo, la salida de la planta de las torres de la fachada principal, que obliga a mostrar el alzado de los arbotantes de la nave central, y la no continuidad de las cinco naves de la cabecera en el cuerpo del templo, que se reducen a tres.

Como rasgo característico más importante, goza la catedral leonesa de alcanzar el summum lumínico de todas las catedrales, con un espacio inmenso de vidrieras al reducirse la estructura pétrea de sustentamiento al mínimo posible, llegando a superar así técnicamente a las mismas catedrales francesas.

El problema fue que gran parte del solar se asienta sobre restos romanos, hipocaustos del siglo II, lo que dificultó la buena cimentación de los pilares. La acumulación de humedades y la filtración de aguas ocasionó graves inconvenientes a los maestros. Por otra parte, la mayoría de los sillares de la catedral son de piedra de mediocre calidad, de tipo calizo, con escasa resistencia ante los agentes atmosféricos. Además, la sutilidad de su estilo es un desafío a la materia; los numerosos soportes son sumamente frágiles, las líneas se reducen a una depuración total, de modo que varios arquitectos de la época pusieron en duda que tal proyecto pudiera mantenerse en pie. Esta estructura casi inverosímil junto con la mala calidad de la piedra y la pobre cimentación, provocaron que desde el siglo XV sufriera constantes intervenciones y restauraciones, convirtiendo al templo en el paradigma europeo de intervenciones de transformación, restauración y conservación.

Exterior de la Catedral de León

Planta

La planta es casi una réplica de la catedral de Reims aunque en formato algo menor. Tiene unas dimensiones de 90 m de larga, 30 m de alta y 29 m de ancha. Dividida en tres naves, de la entrada al transepto, y cinco naves del transepto al altar mayor. La catedral presenta macrocefalia, es decir una cabecera de mayor tamaño que lo común (el ancho del transepto en este caso) y que le resta algo de profundidad y perspectiva pero a cambio le brinda mayor espacio para los fieles (debido a estar en el Camino de Santiago su afluencia era mayor). Las naves de la catedral de León se cubren con bóveda de crucería cuatripartita en tramos rectangulares. El crucero lo hace con una bóveda cuatripartita, que sustituyó a la cúpula barroca del siglo XVII en las obra acometidas a finales del siglo XIX con el fin de guardar coherencia con el resto de la construcción. En sus muros presenta 125 ventanales, con 1.800 m² de vidrieras policromadas de origen medieval, siendo consideradas de las mejores del mundo en su género. De ellas, destacan el gran rosetón central situado en el pórtico central, entre las dos torres de aguja, así como las de la Capilla Mayor, el transepto norte y la Capilla de Santiago.

Fachada occidental

La fachada occidental es la principal de la catedral, y por la que normalmente se accede al templo. Consta de un triple pórtico ojival similar al de la catedral de Reims. En las jambas, arquivoltas, tímpanos y parteluces de las portadas se desarrolla un trabajo escultórico de destacado papel en el gótico español, actuando de filtro de la influencia francesa. Encima del pórtico, se sitúa el gran rosetón central, con vidrieras de finales del siglo XIII. El hastial triangular neogótico actual fue construido por Demetrio de los Ríos a finales del siglo XIX durante su restauración, siendo desmontado el anterior plateresco del siglo XVI.

La fachada se encuentra flanqueada por dos torres góticas de 65 y 68 metros respectivamente. El hecho que las torres sean diferentes, en forma y altura, responde a momentos diferentes de la construcción y es bastante típico del gótico. La torre norte o de las campanas fue iniciada en el siglo XIII y terminada en el siglo XIV, siendo más sobria y maciza, terminada en una aguja cerrada. La torre sur o del reloj se inició también en el siglo XIII, pero no fue concluida hasta finales del siglo XV, momento en el que el maestro Justín le dio remate. Su estilo es gótico flamígero, con una aguja calada, estando menos acorde con el resto del edificio que su compañera. Las torres de la catedral de León presentan la particularidad de estar adosadas a las naves laterales, en lugar de surgir de ellas. Esto permite la curiosa vista de los arbotantes de las naves laterales desde la fachada occidental.

Las portadas fueron realizadas en la segunda mitad del siglo XIII. Las riquezas de las portadas de la catedral de León la convierten en el máximo exponente de la escultura gótica española. El triple pórtico occidental se encuentra dedicado en los laterales a San Francisco y a San Juan Bautista, mientras la portada principal representa el Juicio Final. La influencia francesa se evidencia en esta portada principal, realizada en torno a 1270. De ésta, destacan los personajes de las jambas y Nuestra Señora La Blanca en el parteluz, hoy sustituida por una copia. Las figuras presentan el naturalismo propio del gótico que se impone sobre el simbolismo y hieratismo románicos. El trabajo de los pliegues en los ropajes, la expresión e individualización de los rostros y la sensación de movimiento son las principales características. El modelo de Nuestra Señora La Blanca o Virgen Blanca destaca por su humanidad, conseguida en gran parte, por la sonrisa que recuerda al Ángel de la Anunciación de la catedral de Reims.

La portada izquierda, o "de San Juan", en el tímpano se muestra el Ciclo de la Natividad de Jesús: Visitación, Nacimiento, Adoración de los Pastores, Herodes, Epifanía y Matanza de los Inocentes, con un gran sentido de la narratividad. En las Arquivoltas aparece una alusión del árbol de Jesé, en relación con la genealogía de Cristo e historias relacionadas con la vida de San Juan Bautista, dando el nombre a la puerta.Entre esta portada y la siguiente, aparece el "locus apellationis", columna ante la que se administraba justicia en el Reino de León, según normas que se remontan al Fuero Juzgo y al leonés de 1020, y que provoca la asimilación de Alfonso X, patrocinador del templo, con la figura del rey Salomón, representado al fondo sobre la columna.

La portada central, "de la Virgen Blanca" o del Juicio Final, está presidida por el Cristo Juez que muestra sus estigmas, mientras los ángeles portan los instrumentos de su martirio y la Virgen y san Juan se arrodillan como principales intercesores. Bajo el y en las arquivoltas se desarrolla el juicio en el que san Miguel pesa las almas (psicostasis) y separa a los bienaventurados que van al paraíso (incluidos Alfonso X o san Francisco, que aparecen con varios instrumentos de música), de los condenados que sufren los tormentos del infierno, siendo devorados por demonios o siendo introducidos en calderas hirviendo. En las arquivoltas aparecen escenas de la resurrección de los santos. El parteluz de ambas puertas es presidido por una reproducción de la "Virgen Blanca" con el Niño en las manos (la original está guardada en el interior del templo, en la capilla del mismo nombre), siendo la escultura más representativa de la catedral y una de las de más calidad del gótico español. Junto a las puertas, aparecen esculturas de santos, envagelistas y protagonistas del Antiguo Testamento. Destaca la escultura de Santiago (reconocida por la concha de su gorro suyo pedestal está gastado, según la tradición, por las manos de los peregrinos a su paso por León de camino hacia Santiago de Compostela.

La portada de la derecha, o "de san Francisco", está dedicada a la Virgen, relatando el tímpano la muerte y coronación de María y portando las arquivoltas varios concejos de ángeles, y en el exterior, las cinco vírgenes prudentes frente a las cinco necias. Las jambas albergan figuras de varios profetas de distinta cronología.

Fachada sur de la catedral

Se extiende hacia Puerta Obispo, orientada al sur del templo. Fue la zona que más sufrió los problemas constructivos de la catedral, llegando a ser reconstruida en varias ocasiones. En el siglo XVII, el triforio fue cegado, y se colocó un hastial barroco en forma de espadaña, y el siglo XVIII, tras el terremoto de Lisboa, su rosetón fue desmontado y sustituido por una ventana doble barroca. Afortunadamente, durante las grandes restauraciones de finales del siglo XIX, Matías Laviña proyectó la fachada actual, construyendo un nuevo rosetón, triforio y hastial neogóticos, imitando la fachada norte, que nunca fue retocada. A la derecha del gran rosetón encontramos la torrecilla denominada "silla de la reina", realizada en el siglo XV por el maestro Justín, y que servía para recoger los empujes de los arbotantes hacia la cabecera.

La portada sur también cuenta con tres pórticos, al estilo de las catedrales góticas francesas, realizados entre 1265 y 1275.

La portada izquierda es la denominada «de la muerte», por la configuración que acompaña al tamizado heráldico de Castilla y León. No posee decoración en el tímpano, sólo en las arquivoltas y jambas. El nombre de Puerta de la Muerte procede de una figura de un esqueleto con alas, colocado en época posterior en una de las ménsulas.

La central, llamada "del sarmental" es muy similar a la puerta del sarmental de la Catedral de Burgos, representando a Cristo sedente como Pantocrátor mostrando el Libro de la Ley, y rodeado del tetramorfos: El toro (Lucas), el águila (san Juan), el león (San Marcos) y el hombre (San Mateo). A sus lados aparecen evangelistas sentados, escribiendo sobre pupitres. Ángeles y ancianos del Apocalipsis con instrumentos musicales adornan las arquivoltas. El parteluz está ocupado por una estatua de San Froilán.

La portada derecha, llamada "de san Froilán", muestra en su tímpano escenas de la vida del santo, su muerte y el traslado de sus reliquias a la catedral leonesa. Las arquivoltas están decoradas con ángeles. Esta portada tuvo gran importancia en la Edad Media pues por ella entraba el obispo, al estar situado enfrente el Palacio Episcopal. Además, también era empleada por todos los peregrinos que entraban por una puerta de la muralla cerca de la catedral para visitar los restos del santo. Actualmente se encuentra cegada.

Fachada norte

La fachada norte de la catedral se encuentra poco visible debido a que se encuentra justo encima del claustro, lo que impide su visibilidad total a no ser desde el mismo o desde las alturas de la ciudad. Consta de un hastial con triforio presidido por un gran rosetón con vidrieras de finales del siglo XIII. El remate del hastial triangular y su rosa calada es del siglo XV, y fue usado como modelo para la reconstrucción de los hastiales de los lados sur y oeste en las restauraciones de finales del siglo XIX. A la izquierda de la fachada está otra torrecilla, "la limona", realizada en el siglo XV para recoger los empujes de los arbotantes hacia la cabecera. Esta fachada no ha sido retocada por las grandes restauraciones, permaneciendo inalterada desde su construcción.

En su origen constaba, como en los casos anteriores, de una portada triple, pero no d

a al exterior del templo, sino que está cubierta por la estancia de acceso al claustro. La portada izquierda fue cegada y desapareció con la construcción del claustro.

La portada central, llamada "de la Virgen del dado" se llevó a cabo en la última década del siglo XIII y aún conserva la mayoría de la policromía, del siglo XV. En el tímpano, un Cristo bendice desde la almendra mística que sujetan los ángeles y flanquean los Evangelistas. En el parteluz aparece la escultura de la "Virgen del dado", llamada así por la leyenda sobre un soldado que arrojó sus dados a causa de una adversidad en el juego, hacia el rostro de Niño, que sangró milagrosamente (frente a ella se representa el milagro en una vidriera). En las jambas aparecen Pablo, Pedro, Santiago, Mateo y la Anunciación a María.

La portada derecha se usa como entrada y salida a la estancia que da salida al claustro. El tímpano no es escultórico, sino que posee una pintura gótica de la Virgen con el Niño. En las arquivoltas hay figuras vegetales. También conserva la policromía.

Naves

La catedral de León cuenta con tres naves y un transepto. La nave central mide 90 metros de largo y 30 de altura, mientras que las dos naves laterales miden 15 metros de altura, y se unen a través de la girola. Desde el exterior, son perfectamente visibles todos los contrafuertes, los arbotantes y los pináculos a lo largo de las naves, que sirven para desviar los empujes del edificio al exterior y poder perforar las naves con grandes ventanales. También existen gran cantidad de gárgolas, con forma de animales o monstruos míticos, que servía para escupir al exterior el agua que caía del tejado a través de los arbotantes.

De cara al exterior lo más importante es el reemplazo de los muros de piedra por los vanos con vidrieras. Las dos naves laterales están perforadas con vanos desde la fachada occidental hasta el transepto, constituyendo los ventanales de la parte baja del edificio. La nave principal está perforada con grandes ventanales que recorren todo el edificio, incluido el transepto y el ábside, dando lugar al claristorio. Justo debajo está el triforio calado que también recorre el edificio. Esta aligeración de los muros es lo que da lugar a la "desmaterialización" del arte gótico. Algunas volutas y adornos que se pueden observar en la piedra entre los ventanales de la nave principal son obra de las restauraciones de finales del siglo XIX.

Ábside

El ábside es la parte más antigua de la catedral, debido a que las iglesias comenzaban a construirse por la cabecera para poder realizarse culto antes de la conclusión definitiva del templo. La vista de la catedral desde el ábside es una de las más impresionantes, porque es en esta zona donde los arbotantes alcanzan su mayor espectacularidad. Los arbotantes desvían los empujes hacia el exterior permitiendo aligerar los muros, que pueden ser perforados por grandes ventanales. Durante gran parte del año, los pináculos del ábside de la catedral leonesa son usados como posadero y nidos por numerosas cigüeñas. Algunas de ellas pasan el invierno en León.

Interior de la Catedral de León

En cuanto a su alzado interior, la catedral sigue con el modelo francés en tres pisos o registros. El primero es el de los arcos formeros (arco formero) apuntados con pilares fasciculares, cuyos baquetones se insertan en los nervios de las bóvedas creando un eje que marca la verticalidad del interior. El segundo piso cuenta con un triforio y el tercero es el claristorio, o conjunto de vidrieras.

Vidrieras

La catedral de León es conocida sobre todo por su conjunto de vidrieras, quizás el más importante del mundo junto con el de la catedral de Chartres. Conservadas la mayoría de las originales, hecho extraño en catedrales de esta época, fueron construidas entre los siglos XIII y XVI. La técnica de la vidriera tiene su origen, según se cree, en la cultura musulmana. De ella fue tomada por el arte cristiano, que los utilizó desde el siglo XI para alcanzar su auge dos siglos más tarde. En el siglo XVI entró en una total decadencia, y más tarde, con la pérdida de interés por lo medieval, los vitrales fueron eliminados de muchos templos. Esto, junto con la fragilidad propia del vidrio, es la causa de que se conserven tan pocas colecciones.

En su época de esplendor no se tenían como meros elementos decorativos, sino que eran una parte fundamental de edificio. La técnica del arbotante permitía prácticamente eliminar los muros como elemento de sostén, por lo que se podían perforar para abrir grandes ventanales, que recubiertos con vidrieras, daban al templo una mágica apariencia. En este sentido, la catedral de León fue uno de los edificios que más metros cuadrados dedicó a la creación de vanos para vidrieras en proporción a su tamaño. En metros cuadrados se distribuyen de la siguiente manera: 464 metros en su parte baja, 282 en el triforio y 1.018 en la zona superior, lo que hace un total de al menos 1.764 metros cuadrados de superficie, según las mediciones de Demetrio de los Ríos. El conjunto cuenta con 134 ventanales y 3 grandes rosetones. Esta enorme superficie cobra mayor importancia debido a las dimensiones contenidas de la catedral.

No obstante, parece ser que entre los siglos XV y XVI fueron tapiados parte de los ventanales inferiores (de las que solo se conservaron las partes superiores y las rosas originales) y del triforio para dar mayor consistencia al edificio por sus problemas constructivos, si bien estas zonas acristaladas fueron recuperadas en las restauraciones de finales del siglo XIX por Demetrio de los Ríos y Juan Bautista Lázaro con la creación de otras nuevas, usando la técnica constructiva medieval.

Pese a todo, se conserva el programa iconográfico original, el cual estaba pensado de forma tripartita, en función del pensamiento de la sociedad medieval. Los ventanales altos o claristorio, constan de escenas bíblicas, representando el cielo. Los ventanales medios o triforio, constan de escudos nobiliarios y eclesiásticos, representando a la nobleza. Los ventanales inferiores de las naves laterales, constan de representaciones vegetales, representando la tierra, y de tareas mundanas, representado a los hombres "pecheros".

En las ventanas altas o claristorio, hay distinta temática en función de si es el lado norte o el sur. Los ventanales del lado norte, que reciben menos luz, tienen tonos más fríos y su temática del Antiguo Testamento destaca que aún no han conocido la luz Cristo. Los del lado sur, más luminosos, representan el Nuevo Testamento y presentan colores más cálidos.

El triforio de la catedral de León también está perforado con ventanales exteriores que incluyen vidrieras, tapiadas durante la Edad Moderna y recuperadas durante las restauraciones del siglo XIX, momento en el que se crearon nuevas vidrieras que respetaban el conjunto iconográfico original, en este caso, todas las vidrieras del triforio son representaciones de escudos reales y nobiliarios, además de ciudades españolas.

Coro y trascoro

En León, también según la costumbre extranjera, estaba situado originalmente en la cabecera, delante del altar mayor. En 1746, finalmente fue trasladado al centro de la nave mayor. El arquitecto Cárdenas en 1915 abriría el gran arco central con unos enormes cristales que recuperan, en parte, la vieja perspectiva de la nave central y la vista del altar mayor.

La sillería actual, quizá sustituta de una anterior, fue realizada entre 1461 y 1481 en estilo gótico en madera de nogal. Se trata de una de las sillerías más antiguas de España. A un primer maestre Enrique, carpintero que planearía el trabajo, sucedieron Juan de Malinas y el maestro Copín, imagineros de las principales tallas (testeros y respaldos). Un riquísimo elenco de motivos congrega a los habituales personajes del Antiguo Testamento y a los santos en los lugares más visibles, contraponiéndolos a varias figuras profanas de tono burlesco y costumbrista, a la moda nórdica. Los autores no se recataron en utilizar figuras de clérigos para satirizar vicios, en mordaces escenas que llegan a veces a la obscenidad.

Primeramente un antecoro que miraba a los fieles desde el altar clausurado e inaccesible, fue trazado por Juan de Badajoz el Mozo en estilo plateresco. La obra se remataría entre 1560 y 1590 en plena contrarreforma, elevando su envergadura con imágenes laterales y un gran arco triunfal. Estéban Jordán labró los cuatro relieves de alabastro con escenas de la Anunciación, Nacimiento y Adoración.

Altar mayor y girola

El altar mayor o capilla mayor de la catedral está actualmente ocupado por un retablo neogótico montado por Juan Bautista Lázaro con cinco tablas procedentes del retablo perdido realizado por Nicolás Francés a mediados del siglo XV, y otras de procedencia diversa (Palanquinos, etc). Representan la vida de san Froilán, el traslado del cuerpo de Santiago y la Presentación de la Virgen, en una mezcla de estilo gótico internacional y gótico flamenco. Destacan las tablas laterales, en especial el Descendimiento de la izquierda.

En el altar, el arca de san Froilán, obra maestra del platero Enrique de Arfe (1519-1522) con algunas modificaciones barrocas. El altar está cerrado por una verja de estilo plateresco, obra de Juan de Badajoz el Mozo.

Alrededor de la parte trasera del altar mayor se encuentra la girola o deambulatorio. En el caso de la catedral de León, como muchas otras del Camino de Santiago, la girola tiene un gran espacio, para permitir el paso de abundantes peregrinos y evitar aglomeraciones. Consta de cinco capillas de forma hexagonal, dispuestas alrededor del deambulatorio, y delimitadas por rejas. Cada una de estas capillas está presidida por un ventanal doble con vidrieras.

Claustro

La catedral de León fue diseñada sin claustro, pero finalmente se levantó entre finales del siglo XIII y principios del siglo XIV. Esta construcción cubrió la entrada norte que, desde entonces, quedó resguardada. Este claustro tiene una planta cuadrada de 30 metros de lado, posee seis intercolumnios por lado y 24 pilares en total, respondiendo a las proporciones establecidas en los claustros cistercienses. A su alrededor se agrupan diversas dependencias, entre ellas, el actual Museo Catedralicio.

Los arcos apuntados y capiteles del muro interior presentan escenas bíblicas y de la vida cotidiana, mostrando de nuevo el diálogo de lo divino y lo humano, típico del gótico. Los murales entre las arcadas del claustro fueron pintados con los episodios de la vida de Cristo por Nicolás Francés en los años 60 del siglo XV, aunque algunos de ellos son obra posterior de Lorenzo de Ávila y otros.

A comienzos del siglo XVI, Juan de Badajoz el Mozo rehízo las bóvedas del claustro. Aprovechó los lienzos y los arcos formeros y montó 28 bóvedas de crucería complicadas y decoradas. Filacterias y medallones presentan un complejo programa iconográfico, vinculado con la Virgen de Regla. Bajo las bóvedas puede observarse una completísima colección de sepulcros que revelan las etapas de la actividad escultórica catedralicia, pero siendo en su mayoría obras tanto del siglo XIII como del siglo XIV.

En el centro del patio y por diversos lugares del claustro se conservan restos de los hastiales oeste y sur, que fueron desmontados durante las restauraciones del siglo XIX por los arquitectos "purificadores" de la catedral.

Escultura funeraria

Entre la escultura funeraria del interior de la Catedral de León destaca el Sepulcro del obispo don Rodrigo, obispo leonés muerto en 1232. Está situado en el lado sur, en la capilla del Carmen, cerca de la girola. El yacente está rodeado por clérigos que ofician el funeral y un grupo de gente que llora. En el tímpano está representado un calvario. En la parte frontal del sarcófago, los criados del finado reparten pan a un grupo de pobres. Este modelo de sepulcro tuvo un éxito extraordinario, pues de el se hicieron dos copias de el en la misma catedral y se extendió fuera de León.

El sepulcro de Ordoño II, rey de León, pese a ser una de las imitaciones del de don Rodrigo, la obra maestra de la escultura funeraria es el sepulcro de don Martín "el Zamorano", muerto en 1242, llamado así por haber sido obispo de Zamora. Está situado en el lado norte del crucero, junto a la entrada al claustro. Está atribuido al Maestro de la Virgen Blanca, de una calidad excepcional, alcanzado un nivel de expresión y detalle de los rostros difícilmente superable. La iconografía general es la misma que el de don Rodrigo, aunque desgraciadamente el calvario está perdido por la corrosión de la piedra, conservándose solo la figura de san Juan.

Museo catedralicio de León

Fue inaugurado el año 1981 y es el resultado de la fusión del antiguo museo catedralicio con el diocesano. Este último había sido creado por el obispo Almarcha el año 1945, aunque el mayor incremento de sus fondos se realizó a partir de la década de los sesenta.

En la actualidad constituye un conjunto único en su género, albergando piezas de todas las etapas de la historia del arte, desde la prehistoria hasta el siglo XX, todas ellas repartidas en diecisiete salas, en el entorno del claustro catedralicio.

Se accede a él por una hermosa puerta de nogal, que según el profesor Merino Rubio, había sido hecha para la librería por Juan de Quirós, antes del año 1513; en su tímpano se narra la escena de la Anunciación, plenamente flamenca, sobre un espacio con arquerías góticas.

En la primera estancia se nos muestra la escalera plateresca de Juan de Badajoz el Mozo, que facilitaba la subida a la sala capitular. Nada tiene que envidiar a la construida por Covarrubias en el Palacio de Santa Cruz de Toledo. Es imposible sacar tanto rendimiento a tan pequeño espacio con una obra tan perfecta. El soporte de sus tres cuerpos está profusamente decorado con labores menudas de bueráneos, "candelieri", medallones y otros temas del mejor Renacimiento. Se buscó como pretexto para colocar el escudo del obispo mecenas, Pedro Manuel, la pequeña tribuna que resalta sobre la balaustrada.

Son varias las obras expuestas en este marco configurado por la caja de la escalera. Así, dos hermosos calvarios del siglo XIV, tallados en madera con restos de policromía; el de mayor tamaño, procedente de Gusendos de los Oteros, sufre varias mutilaciones, por haber permanecido enterrado durante siglos debajo del presbiterio del templo y el otro, más estilizado, perteneció a la iglesia prerrománica de san Adrián; una imagen de la Virgen con el Niño, en piedra policromada del siglo XIV, conocida con el nombre de la "Virgen del Dado antigua"; un crucificado de transición procedente de Grajal de Campos de principios del mismo siglo; dos tablas tardogóticas, con apóstoles, procedentes de Tomeros, y seis pinturas al óleo, del último tercio del siglo XVI, pertenecientes al desaparecido retablo de Fuentes de Carbajal, con escenas de la infancia y de la pasión de Cristo.

En el Museo Catedralicio se conserva un Cristo de marfil de siglo XIII, algunas esculturas de Juan de Juni y sus discípulos, un misal del siglo XVI y varios ornamentos litúrgicos de la misma época. En la biblioteca hay varios manuscritos visigodos y un ejemplar de la Lex Romana Visigothorum.




Fuente: Diócesis de León
Wikipedia
Turismo Castilla y León
 

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