Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño





Situación



Información básica

Nombre: Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño
Lugar: Aciera
País: España
Comunidad: Principado de Asturias
Provincia: Asturias
Comarca: Camino Real de la Mesa
Municipio: Quirós

BIC declarado en BOPA 24/10/2014

Tipo de lugar: Monumento: Iglesia
Estilo: Románico

Mapa de situación


Coordenadas: 43.20504,-6.01246 [Ver en mapa]

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Descripción

La iglesia de Santa Eulalia de Pirueño se localiza en una amplia campera distante algo más de un kilómetro de las últimas casas de este pueblo, después de subir por un empinado y estrecho camino terrero. Esta ubicación alejada del caserío remarcaría su carácter jerárquico y sobrenatural, diferenciándola claramente del espacio cotidiano y humano del pueblo situado más abajo, donde se apiñaban las humildes viviendas campesinas y otras construcciones auxiliares. Junto a ella se encuentra un tejo milenario (ver Tejo de Santa Eulalia de Pirueño), formando la campa en su conjunto el Bien de Interés Cultural.

Esta iglesia forma parte de la Carta Arqueológica del concejo de Quirós y por ella está incluida en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias, como los restantes elementos de la Carta Arqueológica de Asturias.

En la actualidad la iglesia ofrece un completo estado de ruina, manteniéndose únicamente los muros, algunos de los cuales apenas conservan un tercio de su altura original. En todos ellos crece abundante maleza que ha debilitado su fábrica y está provocando una destrucción lenta y continuada. De hecho, el interior de la iglesia resulta casi impracticable por la acumulación de estos derribos y el crecimiento de arbustos. Esta lamentable situación se debe a la pérdida de servicio parroquial de la iglesia a finales del siglo XIX, cuya función se trasladó a la cercana de Las Agüeras, a su consiguiente abandono y al incendio que padeció durante la Guerra Civil.

El paso del tiempo provocó que sus muros, desprovistos de cubierta, debilitados por el fuego y expuestos al viento y la lluvia, se fuesen derrumbando hasta llegar a su estado actual, en el que ha desaparecido el imafronte, la espadaña y la sección superior de los muros de los cuartos anexos. Junto a ello, parece ser que algunas casas de Pirueñu emplearon en su rehabilitación piedras procedentes de la iglesia, lo que ha venido a agravar su situación y a dificultar una posible reconstrucción. Para impedir el avance de la maleza, cada cierto tiempo, el párroco de Las Agüeras solía enviar un operario para desbrozar la iglesia, pero hace años que dejó de hacerlo, de modo que sobre los muros y entre las piedras del suelo ya crecen arbustos de cierto porte. Las labores de consolidación de paramentos llevadas a cabo en 2007 por el Ayuntamiento de Quirós, con cargo a una subvención de la Consejería de Cultura, para rehabilitar las iglesias del concejo y que costaron tres mil euros, apenas son visibles en la actualidad.

Sin embargo, el estado ruinoso de la iglesia le confiere una imagen romántica y evocadora muy del agrado de los vecinos que residen fuera y de los turistas en general, que suelen acercarse a visitar la iglesia y su tejo. La escuela de escalada y el refugio de montaña abiertos en el cercano pueblo de L.lano los han convertido en importantes hitos que completan y enriquecen sus rutas de montaña. Al contrario de lo que cabría pensar, el abandono y ruina de la iglesia es ahora uno de sus mayores atractivos, dentro de un proceso de “nostalgia por el pasado” o “ruina poética” que recuerda el ideario de los viajeros del siglo XIX.

La primera referencia escrita sobre la iglesia de Pirueño se encuentra en la carta fundacional del Monasterio de Santo Adriano de Tuñón, fechada en 891, donde Alfonso III y su esposa Jimena dotan al cenobio de diversos bienes, entre ellos “in valle Quiros villa in Pironnio cum ecclesia Sancte Eulalie”. Posteriormente, se la vuelve a citar en la confirmación otorgada en 1100 por Alfonso VI sobre las donaciones que sus antepasados hicieron en favor de la Iglesia de Uviéu: “ecclesiam Sancte Eulalie de Peronio”. Sin embargo, según Fernández Conde, en ambos casos nos encontramos ante dos falsificaciones producidas por el escriptorium del obispo don Pelayo en el siglo XII con la intención de acrecentar y consolidar las propiedades de la Catedral de Uviéu en Asturias. Lo único que puede afirmarse con seguridad es que, en el momento de procederse a esta interpolación, la iglesia de Pirueño ya existía y que su fundación sería anterior al siglo XII. En la documentación parroquial, esta primitiva denominación de Santa Eulalia de Pirueño se alternó desde el siglo XVII con la de Santa Eulalia de Aciera, en referencia al núcleo de población más importante de la parroquia, creándose cierta confusión que fue zanjada con gran diligencia por uno de sus párrocos haciendo constar “Santa Eulalia de Pirueño alias Aciera” (1727). Finalmente, a comienzos del siglo XIX se adoptó el topónimo de Pirueño para identificar esta iglesia.

La antigua parroquia de Pirueño estaba formada por los pueblos de L.lano, Pirueño y la mitad de Aciera, perteneciendo la otra mitad a la cercana de Las Agüeras, cuyo límite seguía el camino que todavía hoy divide el pueblo en dos. Hacia 1802, el Diccionario de Martínez Marina hacía constar que:

“[la parroquia de] Santa Eulalia es una corta población que forman Perueño y Llano, dos varrios muy inmediatos (...) su iglesia está dedicada a Santa Eulalia de Mérida, patrona del Obispado. Corresponde también a esta parroquia el medio lugar de Aciera (...). Toda esta parroquia se compone de veinte y quatro vecinos”

Esta parroquia se integró en la cercana de Las Agüeras a finales del siglo XIX, seguramente en 1897, teniendo en cuenta que fue este año cuando tuvo lugar la última visita parroquial. Es muy probable que esta decisión estuviese motivada por su escaso vecindario, que sólo contaba con ciento cuarenta y seis habitantes en 1894, así como por el complicado acceso para subir a la iglesia, aspectos que desaconsejarían seguir manteniéndola abierta al culto.

La primitiva fábrica románica de la iglesia quedó completamente arrasada por las sucesivas reformas realizadas en las centurias siguientes. La parte más antigua del templo se corresponde con la puerta de arco ligeramente apuntado del costado Sur, con doble arquivolta, capiteles trapezoidales estriados y jambas en derrame. Está realizada en una piedra rosácea muy porosa, quizá toba, que presenta poca resistencia a la climatología y no ha favorecido su conservación. Las características formales de esta puerta podrían adscribirse a un período bajomedieval tardío, aunque tomando las debidas precauciones, pues se trata de un modelo muy sencillo que se utilizó con recurrencia en etapas posteriores. Junto a esta puerta, en el paño interno del muro se observa un hueco cuya forma recuerda al encastrado de la pila con agua bendita donde los fieles se persignan antes de entrar a la iglesia, lo que quizá podría indicar que en algún momento desempeñó la función de acceso principal al templo.

Las anotaciones de los libros de fábrica permiten conocer las diferentes remodelaciones de la iglesia, pero su extremada parquedad impide poder calibrarlas al detalle. Así, en 1708 consta que se pagaron veintitrés reales por “componer la iglesia”; en 1716 se procedió a “componer el cabildo de la iglesia” por ocho reales, el mismo preció que costó edificar “un despacho” en 1719. De nuevo, en 1789 se acometió otra reforma de importancia, consistente en “componer la iglesia” por treinta reales y cuatro años después vuelve a rehabilitarse el templo, esta vez desglosando en los libros las obras acometidas, que ascendieron a trescientos veintidós reales: “tapiar la puerta de la tribuna (...) tablar por dentro la puerta principal (...) mudar la pila bautismal (...) hacer la escalera para la tribuna (...) los cajones de la sacristía (...) blanquear la iglesia (...) componer el confesionario (...)”. En 1820 se gastaron trescientos once reales “procedidos del rompimiento de la puerta de la sacristía y tapiar la antigua” y en 1851 se realizó otra tanda de reformas en la iglesia, centradas en “levantar el pórtico”, arreglar la sacristía, componer las porterías, comprar una campana y pintar la iglesia.

La iglesia ofrece una planta rectangular de nave única y testero recto, que se completa con otras dependencias anexadas a sus costados. Gracias a una fotografía tomada en 1925 y publicada en un “folleto de la época” podemos conocer la fisonomía de la iglesia e intuir cómo estaban conformados estos espacios secundarios. En ese año, el acceso principal de la iglesia se localizaba en el imafronte y consistía en una puerta de medio punto protegida por un tejadillo. Esta fachada se remataba con una sencilla espadaña bífora terminada en un tejadillo a dos aguas. En el costado Norte se localizaba una dependencia de planta alargada, ya entonces semiderruida y que podría corresponderse con el cabildo, desde el que se accedía a la nave a través de una puerta de medio punto. En el costado meridional aparecen dos cuartos, uno de ellos destinado a sacristía y otro posiblemente al “despacho” que refiere la documentación parroquial de 1719.

Desgraciadamente, esta fotografía no permite observar la zona de la cabecera ni el interior de la iglesia, para lo cual debemos recurrir a los restos que aún se conservan, difíciles de interpretar debido a la maleza que los cubre y que muchas veces impide llegar hasta ellos. La nave dispone de tres puertas laterales, una abierta para acceder al cabildo en el costado Norte y otras dos para entrar en la sacristía y despacho en el costado Sur. Aún se distinguen los arranques del arco triunfal que separaba del cuerpo de la nave de la zona absidial, seguramente elevada sobre una tarima pétrea respecto al piso de la nave. Desgraciadamente, la acumulación de materiales de derribo en esta zona impide determinar este extremo con exactitud. En el paño Sur del ábside se abre una aspillera, junto a la cual se conserva una puerta adintelada y tapiada durante alguna reforma. La dependencia a la que conduciría ha desaparecido y no se conservan restos que indiquen su derrumbe, pudiendo pensarse en una eliminación intencional acontecida en una de las numerosas modificaciones de la iglesia. Además, el cuarto (sacristía o despacho) que haría paño con este desaparecido habitáculo cuenta con una vano de iluminación que hubiese quedado cegado de haberse conservado esa estancia. Es posible que se tratase de la antigua sacristía de la iglesia, arrasada al crearse una nueva en 1820, según consta en la documentación parroquial, donde se nos dice que se rompió la puerta de la sacristía, es decir, se abrió en el muro este vano, y se tapió la puerta antigua.

La documentación parroquial de 1773 menciona que el altar mayor estaba presidido por una imagen de Santa Eulalia, patrona de la iglesia, y que existían dos “altares” en la epístola y el evangelio dedicados respectivamente a San Antonio de Padua, con una talla donada por un vecino, y San Roque, que se repintó en 1834. A falta de capillas, estos altares y sus correspondientes retablos posiblemente se apoyarían en el muro que alberga el arco triunfal, como suele ser habitual en otras iglesias, o en los flancos de la nave. Al menos desde 1764 sabemos que también había una imagen de Nuestra Señora del Rosario. Posteriormente, se fundaron dos cofradías en la iglesia: la del Santísimo Rosario en 1777 y la de San Antonio en 1780. La primera vendría a oscurecer la devoción hacia San Roque, que no vuelve a ser mencionado por la documentación. En 1847 se dice que en la iglesia había tres aras “una en el altar mayor y otra en el Rosario (...) otra en el altar del Santo Cristo”, indicando así un nuevo cambio en las preferencias santorales de los feligreses.

En 1834 se construyó un cementerio en las inmediaciones de la iglesia, pero hoy se encuentra totalmente arrasado y nada indica su existencia. Los vecinos piensan que se localizaba en la zona septentrional de la campera y no recuerdan que hubiese un traslado de tumbas hacia la parroquia de Las Agüeras.

El abandono en que se halla la iglesia de Pirueño no sólo se explica por la pérdida de su estatus parroquial y el incendio padecido durante la Guerra Civil. En realidad, el principal motivo para su estado de ruina se encuentra en la desafección de los vecinos y en su profundo pragmatismo. Todas las implicaciones sociales y emotivas hacia esta iglesia se fueron diluyendo cuando el culto se trasladó a la parroquia de Las Agüeras, de modo que cuando la iglesia se quemó cuarenta años después, ninguno de ellos sintió la necesidad de arreglarla. Después de todo se trataba de una inversión económica y de trabajo que no les iba a repercutir ningún beneficio material, pues en ese momento la iglesia no se utilizaba para nada, y por entonces ya estaban obligados a contribuir en la conservación de la iglesia Las Agüeras.

En la década de 1990, el Obispado de Uviéu decidió vender la iglesia, el tejo y la finca en que se enclavan, denominada El Manso, a un vecino de Aciera para construir una cuadra y aprovechar lo demás como pradería. Esta decisión provocó duras críticas entre los vecinos y amplios debates en la prensa, por lo que finalmente se optó por vender sólo la finca y cargarla con una servidumbre de paso hacia la iglesia y el tejo, que se vallaron con estacas y alambre de espino para protegerlos del ganado.

Quizá éste sea uno de los mayores inconvenientes para declarar Bien de Interés Cultural la iglesia y tejo de Pirueño. No todas las personas se atreven a cruzar el prado mientras está pastando el ganado y, además, como éste prefiere descansar junto a las ruinas, poco a poco, han conseguido tumbar la valla que las protegía. Desde luego, habría que buscar algún tipo de solución que conciliase las necesidades de los visitantes con el desarrollo de la actividad ganadera en la zona, sin que esto supusiese un menoscabo para el vecino propietario de la finca.

El abandono de la iglesia a finales del siglo XIX y el traspaso de sus funciones parroquiales a la cercana de Las Agüeras ha hecho que, hoy en día, los vecinos apenas recuerden nada sobre las fiestas que se celebraban en ella. Es cierto que durante unos años intentaron recuperar la fiesta de Santa Eulalia, pero su celebración el 10 de diciembre, en pleno invierno, cuando no se puede contar con la participación masiva de los vecinos que residen fuera del pueblo ni de los turistas, dificultó su consolidación y actualmente ya no se festeja. Afortunadamente, los antiguos párrocos de Pirueño fueron bastante diligentes a la hora de anotar los ingresos procedentes de ésta y otras fiestas, y gracias a ellos podemos intuir cómo funcionaban en el pasado. Por ejemplo, sabemos que la fiesta de Santa Eulalia comenzaba con una misa cantada y oficiada por cinco curas, a quienes se agasajaba con una generosa comida en pago a sus servicios.

Era costumbre que ese día los vecinos ofreciesen a la santa limosnas en metálico y diferentes ofrendas en especie, sobre todo copines de escanda, ganado menor, gallinas, lacones o manteca, como resultado de alguna promesa o en agradecimiento a un favor concedido por la santa. Así, en la fiesta de 1684 se lograron recaudar “onçe reales que salieron de limosna su día i nuebe reales i quartillo de un carnero, i una obeja que ganó la santa”. Antiguamente, las mujeres a punto de dar a luz solían encomendarse a Santa Eulalia para que no hubiese problemas en el parto, siendo posible que algunas de estas ofrendas estuviesen relacionadas con esta creencia, aunque no se ha localizado ninguna referencia documental sobre Pirueño que lo confirme. También el día de Santa Eulalia algunas casas daban ramos adornados con panes que el cura subastaba después de la misa, junto a los demás exvotos en especie. En 1886, el párroco apuntó los ingresos conseguidos por subastar dos ramos: cuarenta y dos reales “de un ramo en poder de Diego Alonso” y cuarenta y cinco reales “de otro ramo en poder de Ignacio García”. Con el dinero obtenido se cubrían los gastos de la fiesta (músicos, voladores y comida de los curas) y el sobrante pasaba a integrar la fábrica de la iglesia.

Por los libros parroquiales sabemos que también se celebraban las fiestas de San Roque y, a partir de 1775, también la de San Antonio, pero no dejaron constancia sobre sus recaudaciones específicas, así que debemos suponer que sólo implicaban el ofrecimiento de limosnas y que no se desarrollaba un aparato festivo tan marcado como el de la patrona Santa Eulalia. Estos mismos libros mencionan el domingo de Ramos como fiesta destacada, en la cual se bendecían ramos de laurel. En 1684 el párroco anotó que se gastaron dos reales “de ramos para el día de domingo de ramos bendecirse”. Esta cita indica que los ramos fueron comprados con el dinero de la fábrica, hecho bastante extraño, pues lo habitual era que los vecinos llevasen ellos mismos los ramos a la iglesia. Es posible que esta anomalía se debiese a la necesidad de recaudar fondos para la fábrica de la iglesia, habida cuenta de que no contaba con bienes propios para sostenerse, entregándose estos ramos a los vecinos a cambio de dinero. De cualquier forma, ha de suponerse que su destino sería el mismo en ambos casos: utilizarlos en diferentes rituales profilácticos, colocándolos a la puerta de las casas y cuadras, ahumando con ellos su interior, hincándolos en las tierras para proteger las cosechas, frotando el cuerpo del ganado vacuno, etc., tal y como aún se hace en la actualidad.

Estas fiestas convivían con las demás que conforman el calendario religioso católico (Corpus Christi, Semana Santa, Cuaresma, etc.) y con diferentes festejos relacionados con la vida cotidiana de los parroquianos. Lo interesante es que todas ellas implicaban el pago de alguna contribución a la iglesia, circunstancia que debió potenciar la identificación y vinculación de los vecinos hacia ella, hasta el punto que, en buena lógica, casi podrían decir que era “suya”. La iglesia de Pirueño no tenía rentas propias para sostenerse, por lo que debía recurrir a la colaboración de sus feligreses en mayor medida que otras iglesias con mejor situación económica. A principios del siglo XVIII, además de los ingresos obtenidos por administrar los sacramentos del bautizo, matrimonio y funeral, así como por el pago de “fosario” (sepultura), se exigía que “cada parroquiano debe llebar en cada un año dos ofertas a la referida iglesia, que se compone cada una de un pan que balga un real, un quartillo de vino y dos quartos de cera”, una el lunes de Trinidad, en el mes de mayo, y otra el “lunes después de los Santos”, se supone que después de Semana Santa. El día de Navidad y de Resurrección todos los vecinos, con independencia de su género y estado civil, estaban obligados a llevar a la iglesia “un bollo cada uno que balga un quartillo”. Junto a ello, la iglesia de Pirueño tenía instituido el “diezmo de calenda”, aplicado sobre la leche que produjesen las cabras, ovejas y vacas de los vecinos desde mayo hasta agosto, así como sobre la manteca que elaborasen con ella.

Sin embargo, la integración de la parroquia de Pirueño en la de Las Agüeras y la subsiguiente pérdida de funcionalidad de su iglesia y cementerio provocaron que, poco a poco, los vecinos reformulasen su identificación en favor de la nueva iglesia parroquial de Las Agüeras y en detrimento de la antigua de Pirueño. Los momentos importantes de su vida, como el nacimiento, el matrimonio y la muerte, ahora se celebraban aquí, lo mismo que la misa dominical y las fiestas religiosas, momentos de intensa socialización que reunían a todos los vecinos de la parroquia y propiciaban la puesta en común de sucesos, problemas y negocios. Es cierto que, durante los primeros años que siguieron a esta reorganización parroquial, los vecinos continuarían subiendo a Pirueño para visitar las tumbas de sus familiares y ofrecerles ramos de flores el Día de Difuntos, pero, pasado el tiempo, las nuevas generaciones que ya no tenían un vínculo afectivo con estos antepasados, por no haberlos conocido directamente, dejaron de acudir a este cementerio. Además, sus parientes conocidos, a los que sí profesaban cariño, ya se habían enterrado en Las Agüeras, así que, poco a poco, la motivación para subir a Pirueño se fue disolviendo hasta desaparecer.

 

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Fotografías de Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño

Iglesia de Perueño I
Iglesia de Perueño I
Iglesia de Perueño II
Iglesia de Perueño II
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño III
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño III
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño IV
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño IV
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño V
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño V
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño VI
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño VI
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño VII
Iglesia de Santa Eulalia de Pirueño VII

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