Fortines y trincheras de Tarna

Información básica

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Lugar
Puerto de Tarna
Municipio
Maraña
Provincia
León
Comunidad
Castilla y León
País
España
Ubicación
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Descripción

Fortines y trincheras de Tarna

Datos históricos

Al estallar la Guerra Civil en julio de 1936 los puertos de montaña de la Cordillera Cantábrica, desde el de Somiedo hasta Tarna, así como los valles norteños de la provincia de León fueron controlados por las milicias leales al gobierno republicano, mientras que en esta zona los pueblos de Maraña y La Uña en la vertiente leonesa son tomados el 21 de agosto de 1936 por columnas del ejército sublevado.

Este frente permaneció tranquilo hasta mediados de mayo de 1937 en el que el ejército republicano del norte, al mando del general Llano de la Encomienda, lanzó una ofensiva general por los puertos de montaña y cuya finalidad principal era fijar tropas enemigas en esta zona e impedir que reforzasen el frente de Vizcaya, donde el ejército nacional estaba lanzando una potente ofensiva que amenazaba Bilbao. El ataque de mayo en Tarna fue llevado a cabo por los batallones 267, mandado por el mayor de milicias Arturo Gaspar, y el batallón 238 llamado Pontón o Coritu, mandado por Manuel Sánchez Noriega.

Los republicanos consiguieron tomar Peña Ten (2142 m) y Peña Las Corvas (1798 m) y en días posteriores el valle de Valdosín y la Sierra de Rebolllares, al norte de La Uña. El 14 de junio contraatacaron las fuerzas franquistas recuperando las cumbres de Peña Ten y Las Corvas. Es en este momento, a principios de verano de 1937, cuando el ejército republicano comienza las tareas de fortificación en esta zona, construyendo los fortines y galerías de tirador de Tarna y las trincheras del Pico Abedular (1817 m), Remelende (1888 m), del Pico Llobiles (1701 m) y del Pico Pileñes (2019 m) y en el Puerto de Ventaniella. Este conjunto de fortificaciones fue muy importante porque supuso un obstáculo infranqueable para las fuerzas franquistas en la ofensiva final a través de los puertos.

Este ataque final ordenado por el general Antonio Aranda comenzó simultáneamente por los puertos de montaña orientales de Asturias el 20 de septiembre de 1937, siendo dirigido por el coronel Agustín Muñoz Grandes al frente de las 2ª y 3ª Brigadas de Navarra, apoyado por el teniente coronel Ceano Vivas al mando de la división 81. Los republicanos contaban para la defensa de esta zona con la brigada 188 al mando del mayor de milicias Manuel Sánchez Noriega, “El Coritu”, reforzados posteriormente con el batallón 228 “Matteoti”.

Los días 25 y 26 de septiembre las Brigadas Navarras partiendo de La Uña avanzaron en dirección a Asturias, tomando los valles y cumbres y atacando las posiciones fortificadas del Puerto de Tarna, donde las tropas republicanas presentaron una feroz resistencia; esta batalla fue registrada por los cronistas de la época, incluso los franquistas como Luis de Armiñan o Manuel Aznar elogiaron la valiente defensa republicana. Los días siguientes los atacantes se vieron obligados a efectuar maniobras envolventes, rodeando por ambos lados las posiciones fortificadas del puerto. El día 7 de octubre las tropas franquistas toman el pueblo de Tarna, en la vertiente norte tras la caída el día 5 del Puerto de San Isidro, abriéndose así el camino para la penetración en Asturias por el valle del Nalón. Las fuerzas que aún resistían en el alto del puerto de Tarna hubieron de retirarse tras haber sido rebasadas por ambos lados y con el riesgo de quedar aisladas. La estrategia de “tierra quemada” llevada a cabo por el ejército republicano en retirada apenas pudo retrasar el final de la guerra en el Cantábrico, el día 21 de octubre de 1937 las tropas nacionales entraban en Gijón, sede del gobierno y último reducto republicano en el norte.

Fortificaciones de la Guerra Civil en el Puerto de Tarna

Trincheras 2La Guerra Civil que asoló España entre el 18 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939 tuvo un capítulo importante en los puertos de montaña centrales y orientales de la Cordillera Cantábrica. En el Puerto de Tarna en el que ahora nos encontramos se libraron sangrientos combates en la primavera, verano y otoño de 1937 hasta que a principios de octubre este sector fue rebasado por las tropas nacionales que penetraron en Asturias por estos lugares.

Como mudos testigos de aquellos trascendentales hechos históricos se conservan un importante conjunto de fortificaciones que son un magnífico ejemplo de la arquitectura militar al uso en el primer tercio del siglo XX. Dos fortines y una galería de tiradores en perfecto estado de conservación, muchos metros de trincheras, un polvorín de hormigón, varias galerías-refugio… forman un conjunto que debe ser preservado y divulgado, por el valor histórico, arquitectónico y de los paisajes en los que están enclavados.

Galería-Refugio

Trincheras 3Túneles excavados en la roca de longitud, trazado y altura variable y cuya finalidad era guarecer a los contendientes ante los ataques artilleros o de la aviación. Se solía acceder a ellos desde una trinchera.

Fortín Abedular - Tarna I

Trincheras 4En la misma línea divisoria del puerto, en su vertiente suroriental y a unos 100 m del aparcamiento, se conserva un magnífico fortín construido en hormigón armado. Consta de dos galerías de fusileros con una casamata central para arma automática. con acceso por ambos lados, la galería occidental dispone de 11 troneras y la oriental de 9 troneras para fusil.

Galería de fusileros Abedular - Tarna II

Situada a unos 70 m al este del fortín y con entrada por ambos extremos. fue encofrada con tablas de madera y construida con hormigón armado, con tiro hacia el sur, a la carretera de acceso a asturias desde león. Consta de 14 troneras para fusil, siendo dos de ellas más amplias, con ángulo de tiro más ancho, posiblemente para fusil ametrallador.

Trincheras en la cumbre del Pico Abedular

Trincheras 5Las construcciones de hormigón antes descritas estaban unidas entre sí por trincheras, hoy en su mayor parte colmatadas y cubiertas por la vegetación. Son aún muy visibles las existentes en la cumbre del pico abedular (1816 m).

Fortín Remellende - Carretera de las Señales

Situado en la carretera del puerto de las señales, a menos de 1 km del puerto de Tarna. Al igual que el fortín Tarna I, abedular consta de dos cuerpos de hormigón que desembocan en una casamata circular central para arma automática con tiro hacia el sur, barriendo el valle de riosol. El cuerpo oriental tiene 14 aspilleras para fusil y el occidental, más grande, 16. La salida occidental está protegida por parapeto de hormigón, da acceso a una cueva excavada en roca y a una trinchera, de la que todavía se intuye el arranque. Desde el fortín se divisa la carretera de acceso a tarna desde maraña, la uña y el resto del valle. En esas dos localidades hubo tropas del ejército franquista de manera permanente.

Personajes célebres de la batalla

Agustín Muñoz Grandes (1896-1970)

De entre los miles de soldados, suboficiales y oficiales que se enfrentaron en la batalla de los Puertos Surorientales de la Cordillera Cantábrica en septiembre y octubre de 1937 podríamos hablar de muchos protagonistas, pero si hubiera que escoger a dos, uno de cada bando, podríamos elegir a Muñoz Grandes, por el destacado papel que jugó en la posterior Guerra Mundial y en la España franquista, y a Sánchez Noriega, por las muchas anécdotas que protagonizó y también por la feroz resistencia que planteó en la defensa de los pasos de montaña.

Nació en Madrid, en Carabanchel, siendo el quinto de seis hermanos de una familia humilde. Cursó estudios en el madrileño Instituto de San Isidro y con catorce años ingresó en la Academia de Infantería de Toledo. A los diecisiete años, con el grado de segundo teniente, fue destinado al Regimiento de Infantería Covadonga nº 40 que servía en Marruecos al mando del general Silvestre. Participó en numerosas operaciones militares teniendo desde los primeros momentos responsabilidades de mando. En 1915 fue destinado al Regimiento de Infantería Serrallo nº 69 en Ceuta con el grado de teniente; posteriormente fue destinado al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas Ceuta nº 3. En diciembre de 1916 se le concedió la Cruz Roja de 1ª Clase del Mérito Militar como reconocimiento a su valor en combate.

En 1917 fue destinado a Lérida y en 1918 volvió a Ceuta al Grupo de Regulares Tetuán nº 1, momento en que el general Berenguer era Alto Comisario en Marruecos y se intensificaba la actividad de las harcas rebeldes: Abd-el-Krim en Melilla y El-Raisuni en Ceuta y Larache. En los años siguientes participó en numerosas operaciones militares, siendo herido de gravedad en tres ocasiones y recibiendo varias Cruces del Mérito Militar. En su juventud profesó ideas liberales.

En 1924 fue destinado a Melilla como instructor de la harca de Abd-el Malek, especializada en la guerra irregular. El 8 de septiembre de 1925 tuvo lugar el Desembarco de Alhucemas, en el que, en la vanguardia de la brigada mandada por Franco, participó Muñoz Grandes, que fue nuevamente herido. Posteriormente fue ascendido a teniente coronel y condecorado.

Más tarde fue destinado a Alcalá de Henares al mando del Batallón Ciclista Lanzarote nº 9. En esa época contrajo matrimonio con Marta Galilea Cabrerizo, siendo padrino de la boda el general Miguel Primo de Rivera. A finales de 1927 y hasta 1931 fue nuevamente destinado a Melilla, al mando de la Mehala Jalifiana y en la Jefatura de Intervención del Rif.

Tras proclamarse la República en 1931 fue destinado a la Caja de Reclutas de Toledo. Posteriormente, en 1933, el gobierno de Manuel Azaña le encargó la organización del recién creado Cuerpo de los Guardias de Asalto, unidad compuesta por varios miles de hombres estrictamente seleccionados y encargada del mantenimiento del orden público. En septiembre de 1935 fue destinado al Regimiento de Infantería Galicia nº 19 en Asturias y en noviembre volvió a Marruecos como Comandante de Asuntos Indígenas de la Alta Comisaría en Marruecos e Interventor General del Rif, siendo ascendido a coronel.

En julio de 1936 pasó a la 5ª División de Guadalajara y entró en contacto con los militares que conspiraban contra el Gobierno del Frente Popular. Estallada la Guerra Civil, fue detenido y encarcelado en el Cuartel Modelo de Madrid hasta que el 20 de septiembre fue puesto en libertad por unos fusilamientos que se estaban produciendo. En marzo de 1937 consiguió fugarse, posiblemente con ayuda de su amigo, el doctor Gómez Ulla, que le había intervenido anteriormente de sus heridas de guerra, y logró pasar a la zona nacional, donde inmediatamente fue destinado al mando de la 2ª Brigada de Navarra, que operaba en Asturias en el frente de Tarna. Tuvo una destacada participación en la ofensiva final sobre Asturias a través de los puertos surorientales de la Cordillera Cantábrica. Sus tropas rompieron el frente republicano en los puertos de Tarna, San Isidro y Señales en octubre de 1937. Más tarde participó en la ofensiva final que desde Cantabria culminó con la caída de Gijón y Avilés el 21 de octubre de 1937. Muñoz Grandes estaba al mando de las 2ª y 3ª Brigadas Navarras. Posteriormente participó en la batalla de Teruel en diciembre de 1937 y enero de 1938, siendo herido nuevamente. También en la ofensiva franquista de Aragón que culminó en abril de 1938 con la llegada al mar Mediterráneo, la posterior entrada en Cataluña y la ocupación de Tarragona y Barcelona el 26 de enero de 1939. Tras la finalización de la Guerra Civil fue ascendido a general de brigada.

En la Segunda Guerra Mundial, a finales de junio de 1941, tras la invasión alemana de la Unión Soviética, fue nombrado secretario general de la División Azul, unidad militar española compuesta por unos 47.000 hombres que lucharon voluntarios en la Unión Soviética al lado de los alemanes. Muñoz Grandes, con grado de general de división, fue el jefe de la unidad, siendo una de las figuras españolas más relevantes de la Segunda Guerra Mundial, con relaciones personales con Hitler y Himmler.

De regreso a España en 1943 recibió la Gran Cruz Laureada de San Fernando, la más alta condecoración militar española. En 1951 fue ascendido a teniente general, en 1957 fue nombrado Capitán General de la 1ª Región Militar y en 1958 Jefe de la Casa Militar de Franco. En 1959 participó en el viaje oficial de Franco a Estados Unidos. En 1961 fue nombrado vicepresidente del Gobierno, sustituyendo a Arias Salgado en la Secretaría General del Movimiento. En 1962 fue designado miembro del Consejo del Reino y en 1967 procurador en Cortes. En 1969 fue propuesto por Franco como su sucesor en la Jefatura del Estado, junto al almirante Luis Carrero Blanco, aunque finalmente la sucesión recayó en Juan Carlos de Borbón.

Muñoz Grandes tuvo una participación destacada en la Guerra de Marruecos, la Guerra Civil, la II Guerra Mundial, conspiraciones, alta política y altos cargos. Fue condecorado con numerosas cruces y distinciones tanto españolas como extranjeras. Fue una de las figuras militares y políticas más influyentes de la España del franquismo. Tras ser intervenido quirúrgicamente en 1969, falleció en Madrid el 11 de julio de 1970.

Manuel Sánchez Noriega (1892-1937)

Nació en el pueblo asturiano de Cue, próximo a Llanes, de donde vino el apodo de “El Coritu”. Como tantos otros de la zona, emigró muy joven a México, allí se dedicó a lo que se había dedicado su familia desde siempre: tratante de ganado, como tal entró en contacto con el ejército de Pancho Villa, en plena revolución mexicana, en la que acabó participando enrolándose en las unidades de caballería donde, según dicen, ocupó puestos de cierta responsabilidad.

Parece ser que se le encargó venir a Europa a comprar armas para la revolución y que Sánchez Noriega acabó apropiándose de los fondos con lo que tuvo que volver a España. Aquí se asentó definitivamente y ejerció de nuevo la actividad de comerciante de ganado en la zona oriental de Asturias, abriendo una carnicería en Llanes.

Fue por aquella época, en los años 20, cuando se afilió al Partido Socialista y a la UGT y trabó cerca a los líderes Ramón González Peña, de quien fue muy amigo, y a Belarmino Tomás. Se casó con Ángeles Hano y tuvo una hija, Camila, que fue dirigente de las Juventudes Socialistas locales. Participó en la Revolución de Asturias de 1934 aunque en un papel secundario. Bien conocedor de los puertos de montaña desempeñó actividad por Asturias, León y Santander.

Al estallar la Guerra Civil en julio de 1936 se encargó desde un principio en la organización militar de los grupos de milicianos que operaban en la zona, llegando a crear el Batallón nº 238 que en marzo de 1937 se encuadró en la 178ª Brigada, teniendo su comandancia en la “Casa de Riera”, una casona rural de Sellañu (Cangas de Onís), muy cerca del puente medieval. Cuando a finales de 1936 las milicias se transformaron en batallones regulares, el Batallón Mayor (denominación de su batallón) llegó a contar con un buen número de hombres, que, según relataron zapadores, lo que le faltaba en organización lo suplía con entusiasmo y moral de combate.

El Coritu fue uno de esos personajes que alcanzaron fama de valiente y de “machote”, leyenda que él mismo alentaba, pero a la vez se distinguió por su trato humano con la tropa y, sobre todo, con los prisioneros. La fortuna quiso que, al empezar la Guerra Civil, en su casa se encontrara una imagen de la Virgen de Covadonga y sus joyas, que se enviaron a Gijón, y dos cofres del tesoro del Santuario. Quintanilla las trasladó a Francia, a la embajada de España en París, allí permanecieron custodiadas, gracias a lo cual se restituyeron al término de la guerra.

Tuvo un comportamiento muy humano con los combatientes y con los prisioneros. Se cuenta que en una ocasión, visitando con su Estado Mayor las fortificaciones en el frente de los puertos y viendo las duras condiciones de vida de los soldados sin el equipamiento adecuado, les ordenó descalzarse y despojarse de su ropa de abrigo para cederla a los soldados que no lo tenían, haciendo él lo mismo. Su coche se utilizó unas veces como ambulancia improvisada y otras para celebrar animadas juergas.

Una de las primeras acciones militares tuvo lugar a primeros de enero de 1937 cuando las tropas republicanas tomaron las elevaciones de Valdeón y Sajambre, requisando una gran cantidad de cabezas de ganado que fueron conducidas por jinetes que disparaban sus armas al aire, al más puro estilo de los vaqueros mexicanos. Las condujeron a través de los puertos de montaña a Cangas de Onís, donde se habilitó un gran prado para depositar el ganado requisado. Poco tiempo después, con uno de los batallones asturianos tuvieron que pasar el invierno asegurando el suministro de carne. Esta incursión se conoció posteriormente como “La Gran Cabalgada”.

Otro acto importante fue el 30 de mayo de 1937, cuando la central hidroeléctrica de la Sociedad Electra de Langreo, situada en las minas de Sabero, fue saboteada y destruida por orden suya para dificultar el avance franquista. Durante los combates en los puertos, su carácter pintoresco y extravagante se hizo más visible, pues siempre que iba al frente se hacía acompañar de un individuo mexicano que hacía las veces de guitarrista y conductor al que llamaban “El Chino”; con su guitarra alegraba a muchas acampadas y desfiles. Era conocido también por sus excentricidades.

Una de las anécdotas más sonadas tuvo lugar con su hombre de confianza Remigio Arduengo, que había protagonizado “La Gran Cabalgada”. Como estaba casado en Covadonga y residía allí, cuando las tropas nacionales ocuparon la villa, desde el palco en Cangas de Onís, Remigio aprovechó para discutir airadamente con los oficiales sublevados, acusándoles de saqueadores y ladrones. El Coritu, lejos de recriminarle, le felicitó y agradeció la acción. Durante toda la contienda fue fiel a su amigo y hombre de confianza.

En la ofensiva final de septiembre y octubre de 1937, con la participación de tropas vascas, su batallón fue situado en el puerto de Tarna. Allí protagonizó una defensa heroica frente a la VI Brigada Vasca al mando de los capitanes Tacho Antibilla, Cristóbal Errandonea y el diputado socialista Miguel Amilibia. Desde el Cuartel General republicano en Cangas de Onís partieron las órdenes de resistencia. El Coritu fue uno de los últimos en rendirse, y se retiró a Gijón, donde aún se mantuvo combatiendo hasta el final. Tras la caída de la ciudad, en octubre de 1937, logró salir hacia Francia y más tarde volvió a Asturias.

Fue apresado en la ofensiva de febrero de 1938 en el frente de Gijón. Juzgado en un consejo de guerra celebrado en Oviedo, fue condenado a muerte y ejecutado en la cárcel de Oviedo en enero de 1938. Su nombre se convirtió en símbolo de resistencia en la memoria colectiva republicana de la zona oriental de Asturias.

Fotografías de Fortines y trincheras de Tarna

Dispones de 30 fotografías de Fortines y trincheras de Tarna

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