Morfología externa de los insectos



Los insectos presentan una gran variabilidad de características morfológicas, pero así todo no alcanzan la gran diversidad morfológica de los crustáceos; hay insectos apenas especializados, que mantienen una morfología típica del grupo, como por ejemplo los saltamontes, y otros más especializados. Básicamente, el cuerpo de un insecto puede dividirse en tres partes: la cabeza, el tórax y el abdomen. Cada una de estas partes está compuesta de forma general por cuatro placas o escleritos: uno dorsal o tergum, uno ventral o sternum y dos laterales o pleuras; las pleuras del abdomen están menos esclerotizadas que las de las otras partes.

Morfología externa de los insectos
Morfología externa de un insecto modelo.



La cabeza normalmente tiene un par de ojos compuestos grandes, un par de antenas y comúnmente tres ocelos. Las antenas, que varían enormemente tanto en tamaño como en forma, actúan como órganos táctiles, olfatorios, y en muchos casos como órganos auditivos. Las piezas bucales están formadas por unas piezas especialmente endurecidas; típicamente la boca está formada por un labrum, un par de mandíbulas y otro par de maxilas, un labium y una hipofaringe a modo de lengua. El tipo de piezas bucales que tiene un insecto determina su alimentación y es muy variable entre ellos.

El tórax está formado por tres partes o somitas: protórax, mesotórax y metatórax, cada una de ellas con un par de patas. En muchos insectos, las dos últimas partes presentan un par de alas, más o menos transformadas. Las alas son, de forma génerica, unas expansiones formadas por la epidermis; consisten en una doble membrana que contiene venas, una cutícula más engrosada, que funciona para fortalecer esa membrana. Aunque el patrón que forman estas venas de las alas de los insectos varía entre diferentes grupos, son constantes dentro de una familia, género o especie, y en muchos casos las variaciones del modelo de reticulación que forman las venas en el ala sirve como carácter taxonómico para diferenciar especies.

Las patas de los insectos a menudo aparecen modificadas en función de la vida del insecto. Los terrestres las suelen tener adaptadas para la marcha, provistas por ejemplo de uñas como los escarabajos, o de ventosas, como en las moscas; las patas traseras de los saltamontes están adaptadas al salto; el grillotopo tiene las patas delanteras modificadas para excavar; algunos insectos acuáticos presentan modificaciones en las patas que les permiten nada o flotar y desplazarse por la superficie del agua; en las abejas las patas tienen una modificación para guardar el polen.

El abdomen de los insectos está formado por entre 9 y 11 segmentos, de los cuales el 11, cuando aparece, está reducido a un par de cercos. Las larvas o ninfas tienen una gran variedad de apéndices abdominales, que luego pierden al crecer y transformarse en adultos. Al final del abdomen aparecen los genitales externo. Existen innumerables variaciones del abdomen entre los insectos: los escabajos son normalmente rechonchos, las libélulas largas y estilizadas, algunos acuáticos son ahusados.



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Citar como:

MENÉNDEZ VALDERREY, J.L. & LORENZO CORCHÓN, A.. \"Morfología externa de los insectos\". asturnatura.com [en línea] Num. 377, [consultado el 12/12/2018]. Disponible en <https://www.asturnatura.com/insectos/morfologia-externa.html> . ISSN 1887-5068