Los insectos. Locomoción



Cuando caminan, muchos insectos emplean un triángulo de patas que consiste en la delantera y trasera de un mismo lado y la media del lado opuesto; así, los insectos mantienen tres de sus seis patas siempre en el suelo sustentándose gracias al trípode que forman dichas patas. Algunos insectos, como los zapateros (Gerris), son capaces de caminar sobre la superficie del agua gracias a una serie de pelos que tienen en el extremo de las patas y que evitan que se rompa la tensión superficial del agua. El cuerpo de los insectos del género Halobates es excelente para la natación al estar cubierto de una capa de setas repelentes del agua.

Los insectos, junto con las aves y algunos mamíferos tienen la capacidad de volar. Sin embargo, sus alas no tienen el mismo origen, no son órganos homólogos. Sus alas están formadas por expansiones de la pared del cuerpo del mesotórax y del metatórax y están formadas por la cutítula. Muchos insectos tienen dos pares de alas, pero otros, como las moscas, tienen únicamente un par, estando el otro, el delantero, transformado en unos pequeños halterios o balancines que vibran y les permiten mantener el equilibrio durante el vuelo; los machos del orden Stresiptera tienen sólo un par de alas delanteras y los balancines son posteriores; otros tienen un único par y carecen de balancines. Los hay que carecen de alas. Las hormigas y terminas, por ejemplo, sólo presentan alas en los machos, y durante cierto tiempo las hembras.

Las alas pueden ser finas y membranosas, como en las moscas y libélulas, o gruesas y córneas como los élitros delanteros de los escarabajos. Los saltamontes tienen las alas delanteras algo endurecidas, mientras que las mariposas las tienen cubiertas de escamas.

Los movimientos para el vuelo están controlados por un complejo grupo de músculos torácicos. Los músculos para el vuelo directo están fijados a una parte del ala, mientras que los indirectos no se fijan a ella y el movimiento que producen en el ala se debe a una modifición de la forma del tórax. El ala está fijada a un tergo torácico y también lateralmente a un proceso pleural que actúa a modo de punto de apoyo. En todos los insectos, la subida del ala se efectúa contrayendo los músculos indirectos que mueven el tergo hacia abajo, acercándolo al sternum. Las libélulas y las cucarachas mueven el ala hacia abajo por contracción de los músculos directos vinculados al proceso pleural. En los himenópteros y los dípteros todos los músculos son indirectos; la bajada del ala se produce cuando los músculos de los tergos del esterno se relajan y los músculos longitudinales del tórax alzan el tergo. En los coleópteros y saltamontes aparecen también músculos directos e indirectos.

La contracción de los músculos del vuelo tiene dos sistemas básicos de control neural: síncrono y asíncrono. Los insectos más grandes como las libélulas y mariposas tienen músculos asíncronos, en los cuales una única descarga del nervio estimula la contracción y así un movimiento del ala; los músculos asíncronos se encuentran en los insectos más especializados; su mecanismo de acción es complejo y depende del almacenamiento de energía en partes especializadas de la cutícula torácica; a medida que unos músculos se contraen, producen el estiramiento de los músculos antagónicos. Ya que las contracciones de estos músculos no requiere impulsos nerviosos de continuo, sólo se necesitan impulsos para mantener la respuesta y la alternancia, lo que hace posible aleteos extremadamente rápidos. Así, las mariposas (con músculos síncronos), baten las alas unas cuatro veces por segundo, mientras que las moscas pueden batir las alas 300 veces por segundo o más.

Vuelo directo de los insectos
Músculos directos del vuelo en un insecto modelo.

Vuelo indirecto de los insectos
Músculos indirectos del vuelo en un insecto modelo.



Obviamente volar implica mucho más que un simple batir de alas, ya que es necesaria una propulsión hacia adelante. A medida que los músculos indirectos alternan ritmicamente para subir y bajar las alas, los músculos directos alternan el ángulo de las mismas para convertirlas en una especie de alerones que impulse el insecto hacia adelante. La calidad de la propulsión depende de varios factores, entre ellos la venación del ala, su inclinación y si están provistas o no de elementos como escamas, en el caso de las mariposas. La velocidad de vuelo varía; así, los más rápidos tienen alas estrechas, que se mueven rápido (las esfinges alcanzan los 48 km por hora). Algunos insectos son capaces de volar durante tiempos muy largos, como las mariposas monarcas, que realizan largas migraciones.


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Citar como:

MENÉNDEZ VALDERREY, J.L. & LORENZO CORCHÓN, A.. \"Los insectos. Locomoción\". asturnatura.com [en línea] Num. 377, [consultado el 17/12/2018]. Disponible en <https://www.asturnatura.com/insectos/locomocion.html> . ISSN 1887-5068