Ecología de los trilobites



En este capítulo veremos los principales aspectos ecológicos (paleoecológicos más bien) de la vida de los trilobites.Trataremos la importancia de sus icnofósiles, la alimentación y mecanismos defensivos.

Icnofósiles

En el artículo sobre el Jurásico asturiano hablamos sobre los icnofósiles y la paleoicnología (ver capítulo); a modo de resumen, los icnofósiles son los restos fosilizados de la actividad de organismos de épocas pasadas, y en lo referente a los trilobites podemos incluir entre ellas sus rastros fosilizados y los exuvios de las mudas. Proporcionan gran cantidad de información sobre la vida de sus creadores.

Entre los rastros, dependiendo de la actividad que se encontraba realizando el trilobite es posible diferenciar 3 tipos diferentes de rastros entre toda la variedad que existe:

  • Cruziana: son los rastros más comunes de trilobites. Son pistas más o menos largas de una anchura que varía entre 5 y 80 mm y se interpretan como el rastro dejado por el trilobite en movimiento. Tiene forma bilobada, con marcas en forma de V que apuntan en sentido contrario al avance del trilobite. Hay crucianas largas que se entrecruzan con otras que se interpretan como pistas dejadas mientras se busca comida; cuando esta se encuentra, la Cruziana tiene un aspecto más profundo y corto. Dependiendo del sustrato y la posición del animal es posible que aparezcan las impresiones de las diferentes partes de los apéndices. Cada especie de trilobite deja una Cruziana diferente, por lo que en cierta medida es posible conocer el causante de la misma.

  • Diplichnites: son también marcas de desplazamiento, pero en este caso son creadas por el extremo de los apéndices, por lo que tienen aspecto de dos filas paralelas de puntos. Sin embargo, debido a las corrientes el trilobite era desplazado y esto se traduce en que los apéndices realizaban un trabajo semejante a un rastrillo dejando unas marcas alargadas más o menos profundas.
  • Rusophycus: corresponden a impresiones dejadas por el trilobite en reposo, parcialmente enterrado en el sustrato. Tienen forma ovalada, en ocasiones con la impresión de los tres lóbulos del cuerpo y de las gnatobases en el centro.

Rastros de trilobites

Hábitos alimentarios

La gran distribución de los trilobites en la Tierra durante el Paleozoico y su fuerte radiación les permitió ocupar todos los hábitats acuáticos, excepto los dulceacuícolas, y por tanto lograron adaptar su alimentación a estos nichos. La alimentación de las especies pelágicas, las de arrecife, bentónicas no era la misma y puede deducirse a partir de su morfología, especialmente de la forma del hipostoma, la estructura de las coxas de los apéndices y de la forma corporal. Así, es posible diferenciar los siguientes tipos principales:


  • Predadores o carroñeros, considerada como el hábito alimentario más generalizado dentro de los trilobites. Existen rastros de trilobites que finalizan en galerías de gusanos; estos extraerían el gusano, lo procesarían con las coxas de los apéndices que eran dentadas o espinosas (gnatobases) y lo desplazarían posteriormente a la región anterior, donde el hipostoma lo empujaría al interior de la boca. Este hipostoma era robusto y a la fuerza era conectado, para lograr un buen punto de apoyo en la placa rostral. Son características de estos trilobites también glabelas fuertemente hinchadas (Phacopina, Proetoidea), ya que se cree que bajo ellas estaría un amplio estómago encargado de la última digestión química y mecánica del alimento. Estos trilobites predadores eran de gran tamaño. Se ha tendido a asociar este tipo de alimentación predadora con el icnofósil Rusophycus, en el que el trilobite estaría semienterrado, asomando tan sólo los ojos para sorprender a la presa.

    Trilobite predando

  • Suspensívoros: esta estrategia alimentaria está relacionada con hipostomas flotantes. Esta alimentación estaría basada en una dieta detritívora o herbívora sobre algas. El hipostoma flotante, que nunca mostró grandes especializaciones, estaría relacionado con una alimentación suspensívora generalista que no ejerció nunca ningún tipo de presión evolutiva sobre esta estructura bucal. El desplazamiento de estos trilobites suspensívoros sobre el sustrato se interpreta como el origen de las Cruzianas.

  • Planctívoros: muy relacionados con los suspensívoros, estas formas pelágicas de grandes ojos y formas corporales relacionadas con un gran hidrodinamismo hacen pensar que realizaban migraciones circadianas en la columna de agua para buscar alimento en las capas superiores.

    Trilobite plantívoro

  • Filtradores: este tipo de alimentación está relacionado con la presencia de grandes cámaras cefálicas que podrían evolucionar hacia el desarrollo de grandes escudos como los presentes en los Harpetida. En muchos este escudo cefálico está atravesado por una serie de perforaciones por las que saldría el agua y las partículas alimentarias quedarían retenidas en el interior de la cámara.

    Trilobite filtrador  Trilobite filtrador actuando

Mecanismos de defensa

En los mares paleozoicos los trilobites no vivían solos, sino que la presencia de otras especies y grupos animales o vegetales suponen la creación de una cadena trófica. Hemos visto antes en que consistía la alimentación de los trilobites, pero se ha de tener en cuenta que ellos eran la base de la alimentación de otros animales y que muchas de las características de los trilobites se desarrollarían como consecuencia de una guerra de armamentos para evitar su predación, siendo posiblemente la más importante de todas el logro de un exoesqueleto calcificado.

Anomalocaris
Se cree que el mayor predador de trilobites era Anomalocaris, un protoartrópodo del Cámbrico que alcanzaba medio metro de longitud. Era nadador y tenía en su parte anterior un par de apéndices que posiblemente empleara para atrapar trilobites. Sus apéndices eran espinosos para evitar que escaparan las presas. Sin embargo, para algunos autores, la estructura redondeada de la boca parece indicar más bien que se alimentaría de gusanos de cuerpo blando extraídos del sustrato y no de trilobites.

La presencia en el cuerpo del trilobite de espinas más o menos largas ayudaría a evitar su predación a la vez que podrían ayudar en la natación o estabilización del cuerpo en el sustrato.

Sin embargo, el mecanismo de defensa más característico de los trilobites es el enrollamiento, que como su nombre indica supone la adquisición por parte del trilobite de una forma de pelota de la que sobresalen las espinas torácicas o genales, exponiendo las duras partes calcificadas y protegiendo las delicadas partes ventrales en el interior de la pelota. Algo semejante a lo que realizan los crustáceos isópodos terrestres del género Armadillium. Para lograr esta capacidad de enrollamiento ha tenido gran importancia el desarrollo del tórax segmentado y articulado. A lo largo de la evolución se ha logrado mejorar enormemente la capacidad de enrollamiento hasta el punto de que se formaron costillas de unión o tubérculos entre la parte ventral del céfalon y el pigidio.

Dalmanites
Dalmanites

Dalmanites enrollado
Dalmanites

Comura
Comura

Comura enrollado
Comura

Todos los esquemas © S. M. Gon III



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Citar como:

MENÉNDEZ VALDERREY, J.L.. \"Ecología de los trilobites\". asturnatura.com [en línea] Num. 105, [consultado el 10/12/2018]. Disponible en <https://www.asturnatura.com/articulos/trilobites/ecol.php> . ISSN 1887-5068