Opistobranquios. Mecanismos de defensa



Este es uno de los aspectos más curiosos y ameno de los nudibranquios, ya que el perder la concha que usaban de refugio, les ha obligado a desarrollar una serie de estrategias que eviten su depredación. Las principales son:

  • Mimetismo en JorunnaCamuflaje: es un método pasivo de defensa ampliamente distribuido no solo en los nudibranquios, sino en todos los animales marinos, los terrestres e incluso las plantas. Esta técnica, bastante básica, consiste en pasar desapercibido, en hacerse invisible, adoptando el color y veces la misma forma que el sustrato en el que se encuentra y que generalmente le sirve de comida, técnicamente se llaman coloraciones crípticas. Ocurren en muchos nudibranquios que se alimentan de esponjas o briozoos (como Jorunna tomentosa), y en sacoglosos como Elysia viridis que cuando se alimenta de algas verdes, retiene los cloroplastos de las células en parte para pasar a tener el mismo color verde que el alga y pasar así totalmente desapercibida. Además, en algunas especies, si se cambia el alimento también cambia el color del individuo. A modo de curiosidad, existe una especie que presenta ramificaciones en los ceras semejando los tentáculos de un pólipo.

  • Coloraciones de defensa: se trata de otra forma pasiva de defensa, en la que coloraciones de advertencia, llamadas aposemáticas, formadas por colores muy vistosos, abigarrados, indican al posible depredador que el nudibranquio es venenoso o tiene algún tipo de defensa. Podría pensarse que estas coloraciones pueden tener un origen reproductivo y servir para posibles cortejos, como ocurre en numerosas aves que usan plumajes vistosos para atraer a la hembra; en el apartado de anatomía vimos que los opistobranquios tienen unos ojos muy simples y que no son capaces de distinguir colores, solamente cambios de luz y oscuridad, por lo que la presencia de estos colores tan sólo puede servir para advertir de la presencia de defensas, ya sean toxinas o espículas en el manto que hagan su digestión bastante dificultosa. Estos colores se encuentran en muchos grupos de nudibranquios, como por ejemplo los cromodoridos. Muchas especies son capaces de cambiar de color rápidamente si son molestadas. Otro fenómeno que merece la pena comentar es el llamado mimetismo, el cual tiene dos variantes: en la primera (mimetismo batesiano), especies que no son tóxicas, intentan engañar a los depredadores adoptando los colores de una especie venenosa; en la segunda (mimetismo mulleriano), especies tóxicas con colores diferentes evolucionan hacia el mismo color, para facilitar al depredador el aprendizaje al asociar un único patrón de coloración con la toxicidad, y no tener que aprender varios, que a la larga supondría más nudibranquios atacados.

  • Defensas químicas: aquí entramos ya en las defensas activas. Muchos opistobranquios pueden capturar de su alimento sustancias tóxicas y acumularlas en su cuerpo, adquiriendo una toxicidad que evita su prelación. Muchos adquieren terpenos de esponjas que comen y que acumulan en el manto y otros son capaces de segregar sustancias ácidas gracias a la presencia de glándulas especiales distribuidas por el manto (incluso en algunas especies son capaces de producir ácido sulfúrico). Pero lo más curioso de todo son los ceras de los nudibranquios aeolidáceos; vimos en el apartado de anatomía que la parte superior se llamaba cnidosaco. Ésta estructura es defensiva y contiene unas células llamadas cnidocitos; estas células son características de los cnidarios, grupo al que pertenecen las anémonas, corales, medusas y hidrozoos, y que son las causantes de su toxicidad. Los cnidocitos son unas células en cuyo interior existe una especie de arpón cargado con una sustancia tóxica que se dispara por contacto, y son las responsables de las picaduras urticantes de las medusas y muchas anémonas. Pues los nudibranquios aeolidáceos son capaces de comer estas anémonas o corales que poseen cnidocitos sin sufrir daño alguno al desactivarlos, y luego transferirlos a la parte superior de los ceras usándolos ellos como mecanismo propio de defensa. Estos serán tanto más tóxicos cuanto más tóxica sea la especie de la que se alimenta, y si esta especie apenas es tóxica o no tiene cnidocitos, rellenan el cnidosaco de sustancias tóxicas de fabricación propia.

  • Defensas físicas: la principal defensa física que tienen los opistobranquios, lógicamente es la concha. Sin embargo, la tendencia que tienen a reducir o perder la concha, motivó la aparición de otras defensas físicas, no tan eficientes como una buena concha, pero defensas al fin y al cabo. Las principales son los tubérculos y espículas que tienen algunos doriáceos inmersos en el manto.

  • Comportamiento: muchos nudibranquios muestran comportamientos activos para evitar ser comidos. El más lógico es escapar, lo que consiguen nadando, como hacen las liebres de mar gracias a tener unos parópodos que nos recuerdan unas alas, mientras que pequeños nudibranquios pueden nadar distancias mucho más cortas ondulando el manto. Otro comportamiento puede ser cambiar activamente de color, o ser activos de noche. Los aeolidáceos se pueden encoger, a modo de “bichos bola”, dejando únicamente expuestos sus ceras. Otro comportamiento bastante llamativo el la autotomía, que consiste en desprenderse de partes del cuerpo (como las colas de las lagartijas), que luego son rápidamente regeneradas, y que confunden en principio al depredador y dan una oportunidad a la presa para escapar.


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Los nudibranquios

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Citar como:

MENÉNDEZ VALDERREY, J.L.. \"Opistobranquios. Mecanismos de defensa\". asturnatura.com [en línea] Num. 80, [consultado el 16/12/2018]. Disponible en <https://www.asturnatura.com/articulos/opisto/defensa.php> . ISSN 1887-5068