Nutrición en el recién nacido



Introducción

La principal característica fisiológica que diferencia a niños y adultos es el hecho de que están creciendo (sus órganos y tejidos aumentan de tamaño) y desarrollándose (sus órganos y tejidos se especializan y adquieren las características fisicoquímicas necesarias para poder llevar a cabo sus funciones propias).
El crecimiento supone una multiplicación de las células, un aumento del volumen de las mismas y la incorporación de diversas macromoléculas al espacio extracelular para que el tejido adquiera la estructura adecuada. Todo ello requiere de un aporte de nutrientes adecuados, así como de la suficiente energía para la síntesis tisular.

En la etapa de desarrollo, los tejidos recién creados sufren cambios bioquímicos que les llevan a su especialización. Es un periodo de menor necesidad energética y en el que el aporte de encimas y coenzimas (micronutrientes) adquieren una mayor relevancia.

Crecimiento y desarrollo se alternan en las diferentes etapas de la vida del niño. Así en los primeros meses de vida (aproximadamente entre el nacimiento y los dos años) existe una etapa de crecimiento rápido; se continúa con una etapa fundamentalmente madurativa en la que el crecimiento es más estable y por último está la etapa de crecimiento acelerado de la pubertad.

Dentro de cada periodo el aumento no afecta por igual a todos los órganos o tejidos e incluso, dentro del ritmo de crecimiento de cada tejido existen variaciones de género muy importantes.

Todos estos factores afectan a las necesidades energéticas y de determinados nutrientes y deben tenerse en cuenta a la hora de establecer las recomendaciones nutricionales y dietéticas.

Recién nacido a término

Se considera un recién nacido a término (RN) a aquel que nace entre las semanas 37 y 42 de gestación y con un peso de 2500 a 4000 g. Las características especiales de inmadurez y altos requerimientos nutricionales hacen que la alimentación en esta etapa de vida sea un tema importantísimo y especial.
El recién nacido solo es capaz de deglutir alimentos líquidos, el estómago es pequeño, con una capacidad media de 20-30 ml, el tránsito intestinal es muy rápido y la secreción de enzimas digestivas escasa; por otro lado el sistema excretor también es inmaduro, siendo la función renal de, aproximadamente, un 30% de la normal, con menor capacidad para concentrar la orina y excretar ácidos, por lo que es importante evitar la alimentación muy concentrada y asegurar un buen aporte de líquidos.

Con respecto a la composición corporal, durante el último trimestre de gestación, la composición del feto varía: se reduce la cantidad de agua y se aumenta el peso, aumentando los depósitos de grasa corporal y la masa muscular.

Los, relativamente, amplios depósitos de grasa permiten al recién nacido soportar un ayuno de varios días; en general el RN pierde durante los primeros días un 5- 8% de su peso en forma de agua y a partir del 5 día, establecida una correcta alimentación, comienza una ganancia de 15/30 g día.

El recién nacido tiene desarrollados los reflejos de succión y deglución y expresa su sensación de hambre llorando y de saciedad durmiendo. Con un mes de edad, el niño tiene un fuerte reflejo de extrusión que desaparece a los 3-4 meses a al tiempo que comienza a desarrollar la coordinación bimanual-visomotor. Entre los 6 y 7 meses el niño puede morder y entre los 7-9 muestra preferencias gustativas y muestra rechazo por ciertos alimentos; entre los 9-12 meses comienza a autoalimentarse aunque es incapaz de comer por si solo hasta los 2 años de edad.


Requerimientos nutricionales

Las necesidades de todos los nutrientes son superiores, por unidad de peso corporal a los de cualquier grupo de edad y situación fisiológica. Su cálculo se realiza en base a la composición de la leche materna, de mujeres que amamantan a niños sanos con un adecuado nivel de crecimiento y desarrollo.

Requerimientos nutricionales del recién nacido I
Requerimientos nutricionales del recién nacido I


Requerimientos nutricionales del recién nacido II
Requerimientos nutricionales del recién nacido II



Con respecto a la energía, se necesitan cubrir las necesidades basales, las necesidades para el crecimiento y las necesidades para la termorregulación (hay que tener en cuenta que al tener el RN una mayor superficie corporal, en comparación con el adulto, la pérdida de calor también es mayor) y las escasas necesidades por actividad física. En general, se calcula que se necesitan 100 kcal/kg/día para mantener el peso y que 120-130 Kcal/kg/día mantienen un crecimiento y desarrollo adecuado.

Las necesidades proteicas son mayores, en relación al peso corporal, que en cualquier otra época. Deben estar acordes con el aporte energético, de forma que si las calorías son insuficientes, las proteínas se degradarán y utilizarán como fuente más de energía y no para la síntesis proteica. La leche materna contiene una relación proteínas séricas/caseína de 80/20, que se considera ideal. En el RN existen dos aminoácidos esenciales que no lo son en otras épocas de la vida: la taurina, relacionado con el desarrollo de la retina, el sistema auditivo y ciertos neurotransmisores y la glutamina, de función inmunológica.

El aporte de lípidos debe suponer un 40-55% del aporte calórico total y no superar el 60%. La inmadurez del páncreas se compensa por la acción de lipasas sublinguales y gástricas que pierden actividad en la edad adulta. Se requiere de un adecuado aporte de ácidos grasos esenciales, entre los que, en esta edad, se encuentran el DHEA (su deficiencia provoca alteraciones en el desarrollo de la retina y el encéfalo) y el araquidónico.

Con respecto a los hidratos de carbono, su aporte debe ser de 10-14 g/kg; el principal hidrato de carbono es la lactasa, pero también existen en la leche monosacáridos que se usan tanto como fuente de energía como para la síntesis de moléculas más complejas y oligosacáridos de importante acción inmunológica. Los gangliósidos presentes en la leche materna parecen tener un papel de prebióticos favoreciendo el crecimiento de la biota intestinal.

Entre los requerimientos de minerales, destacan los de calcio, cuyos depósitos en el RN suponen un 0,8% del peso corporal. Su absorción depende de los niveles de vitamina D así como de la cantidad de fosfatos, grasa o lactosa presentes en el intestino de manera simultánea.

Con respecto al hierro, tanto la leche materna como la de vaca contienen cantidades de hierro suficientes para cubrir las necesidades del RN hasta las 8 semanas de vida; el bajo aporte de hierro es una de las razones que hacen insuficiente la lactancia materna a partir de determinada edad y hace necesaria la introducción paulatina de otros alimentos en la dieta del niño.

En términos generales, todas las vitaminas hidrosolubles se encuentran a la hora del nacimiento en mayor proporción en el recién nacido que en la madre, gracias al transporte activo de éstas a través de la placenta; con respecto a las vitaminas liposolubles, es importante destacar el déficit en vitamina K, ya que dicha vitamina no atraviesa la placenta y apenas se encuentra en la leche, además los adultos dependen en gran medida de la vitamina K sintetizada por la microbiota colónica, de la cual el RN carece. Por ello, es necesario la administración de vitamina K a los pocos minutos de vida, siendo la dosis recomendada de entre 0,5- 1 mg en una sola vez.

El lactante también presenta elevados requerimientos de agua por kilogramos de peso, debido a su menor capacidad para concentrar la orina y a las superiores pérdidas por transpiración debido al menor espesor cutáneo y la gran superficie corporal.

Lactancia natural

La leche materna es el único alimento evolutivamente preparado para el recién nacido y por lo tanto el alimento recomendado.

Son muchas las ventajas que la lactancia materna representa para madre e hijo. Para la madre es más económica y cómoda, ayuda a recuperar el peso pregestacional y el tamaño del útero, así como a disminuir las hemorragias postparto y ayuda a la creación del vínculo madre/hijo. Para el niño es un alimento estéril y completo, que está a la temperatura adecuada; contiene anticuerpos, favorece la creación de una biota intestinal óptima y disminuye el riesgo de desarrollar alergias e intolerancias. Estudios recientes han demostrado una relación entre lactancia materna y menor incidencia de enfermedades crónico-degenerativas e incluso autoinmunes en el adulto. Así, en los años 90 se estableció la teoría de que la lactancia materna protegería frente al desarrollo de diabetes tipo 1; la leche artificial, elaborada a partir de leche de vaca, presenta una secuencia de aminoácidos diferente a la humana y existe una analogía entre aquella y una proteína de las células ß pancreáticas; la ingesta de fórmulas derivadas de la leche de vaca induciría a una sensibilidad de los linfocitos T y B-memoria que podrían activarse posteriormente con producción de anticuerpos que inducirían a la destrucción de las células Β pancreáticas.

Durante la lactación se producen tres tipos de leche. El calostro es un fluido amarillento y cremoso que contiene más proteínas, vitaminas liposolubles y minerales que la leche madura y es particularmente rico en inmunoglobulinas. La leche de transición, más acuosa, replaza al calostro a los 3-4 días del parto.
Contiene más grasa, vitaminas hidrosolubles, lactosa y calorías que el calostro. Por último, la leche madura, que empieza a secretarse a los 7 días del parto, es rica en grasa y su composición se adapta perfectamente a las necesidades nutricionales del RN.
A parte del hecho de que la composición nutricional se adapte perfectamente a las necesidades del niño y de que evolucione con las mismas, es de destacar el importante papel de la lactancia materna en la adquisición de defensas por parte del niño y que se debe a la presencia en la leche materna de ciertas sustancias tales como:
• Macrófagos y leucocitos
• Inmunoglobulinas A, M y G
• Factores del complemento
• Lactoferrina cuya afinidad por el hierro impide que este sea utilizado por las bacterias patógenas para su crecimiento
• Lisozima
• Interferón

Lactancia artificial

Cuando la lactancia natural no se puede realizar, se utilizan fórmulas lácteas generalmente derivadas de la leche de vaca, lo más parecidas posible, en su composición a la leche materna. El término "fórmula láctea infantil" se emplea para designar productos destinados a la alimentación de los lactantes adecuados para sustituir total o parcialmente a la leche humana.

Los comités de nutrición de la Asociación Americana de Pediatría y de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica y el Comité Científico de Alimentación de la Comisión Europea han establecido una serie de recomendaciones sobre cuales han de ser las características cuantitativas y cualitativas de estas fórmulas.

Son de dos tipos:
• De inicio; destinadas a cubrir las necesidades del lactante hasta los 4-6 meses, aunque pueden seguirse utilizando hasta el final de la lactancia.
• De continuación; también llamadas de seguimiento y se suministran a partir del 6º mes y que se administran junto otros alimentos complementarios.

En las fórmulas de inicio el contenido energético debe ser similar a la leche humana (70 kcal/100 ml), las proteínas deben tener un valor biológico del 80% de la caseína con una relación caseina/proteínas del suero de 40/60 (en la leche de vaca dicha relación es de 18/85 y eso causa problemas de digestión y alergias en el RN). Un aporte proteico elevado supone una sobrecarga digestiva y renal que el RN es incapaz de soportar. Las leches maternizadas se suplementan con l-carnitina y taurina, para mejorar el metabolismo de los cuerpos cetónicos y el desarrollo del sistema nervioso central. La Unión Europea recomienda una suplementación con nucleótidos de 5 mg/100 kcal, basándose en el conocimiento de que facilitan la absorción intestinal del hierro, favorecen el crecimiento de las bifidobacterias, participan en el metabolismo lipídico (asociándose su suplementación a elevación de los niveles de HDL colesterol), influyen sobre la respuesta inmune y favorecen el crecimiento y maduración del intestino delgado.

Comparación leche humana y leche para lactantes
Comparación leche humana y leche para lactantes


Comparación leche humana, de vaca y fórmulas de continuación
Comparación leche humana, de vaca y fórmulas de continuación



La composición de las grasas debe ser tal que consiga una absorción del 85%; se debe reducir el aporte de grasa saturada y aumentar el de ácidos grasos monoinsaturados; el ácido oleico debe representar el 40% de los ácidos grasos totales, mientras que el linoleico debe suponer del 3-6% de la energía total y el cociente linoleico/linolénico debe ser de 10; los ácidos poliinsaturados de cadena larga deben constituir el 1-2 % el total de ácidos grasos y los ?3 entre el 0,5-1%. Estudios recientes han demostrado que los lactantes que toman fórmulas enriquecidas en ácidos grasos de cadena larga tiene presiones arteriales inferiores a los que no lo hacen, por lo que podrían disminuir el riesgo de hipertensión en la edad adulta. Todas las fórmulas deben estar enriquecidas en ácido araquidónico y DHEA.

Como hidrato de carbono, las fórmulas deben contener lactosa y no debe estar presente almidón ni sustancias espesantes. El contenido en minerales debe ser semejante al de la leche materna, con una buena relación calcio/fósforo (1,8-2) para facilitar la absorción de ambos minerales; el aporte de vitaminas también es el mismo que en la leche de mujer. Las fórmulas de continuación están destinadas a niños de edades superiores a los 6 meses y siempre forman parte de una alimentación mixta, pudiendo ser utilizadas hasta los 3 años de edad. Su composición no debe de ajustarse a unos patrones tan estrictos puesto que la madurez del niño que las toma es ya muy superior al niño que recibe fórmulas de iniciación.

Asimismo existen fórmulas adaptadas a lactantes con diversas patologías. Por ejemplo fórmulas sin lactosa, para los intolerantes a este hidrato de carbono; con proteínas de soja en caso de alergias o en niños con galactosemias o hijos de padres vegetarianos que no quieren dar a sus hijos productos de origen animal o hidrolizados proteicos destinados a niños con intolerancia a las proteínas de vaca.

Alimentacion complementaria

La alimentación complementaria se refiere a la que se realiza con cualquier clase de alimento distinto a la leche materna o fórmulas lácteas. También se conoce como Beikost, que es un término alemán que significa "alimentación adicional". Desde un punto de vista nutricional es conveniente a partir de los 4-6 meses ya que a esta edad, la leche materna es incapaz de cubrir, por si sola, las necesidades del niño, en lo que se refiere a los requerimientos en ciertos minerales y vitaminas.

Para su instauración es necesario que el niño presente ciertas características fisiológicas:
• Ser capaz de mantenerse sentado y con la cabeza erguida.
• Ser capaz de empujar los alimentos con la lengua hacia atrás.
• Ser capaz de mantener un buen control de los movimientos del cuello.

Edad de introducción de alimentos
Edad de introducción de alimentos



No existen reglas para la introducción de los alimentos, aunque se han publicado una serie de consejos:
• Se debe adaptar a los hábitos dietéticos, culturales y al nivel económico de la familia.
• Es aconsejable posponer la introducción de alimentos con gluten hasta los 7 meses de edad.
• Comenzar en pequeñas cantidades de cada alimento.
• Comenzar con 1 alimento de cada vez.
• Hasta el 1º año, la leche debe de aportar el 50% de la ingesta de energía total. Nunca menos de 500 ml/día. No es conveniente administrar leche de vaca hasta los 12 meses de edad debido a sus efectos adversos sobre el estado nutricional del hierro, el perfil lipídico y la sobrecarga renal de solutos.
• Cocinar sin azúcar añadido y con poca sal.
• No hay razones científicas que avalen la introducción de un determinado alimento antes o después que otro, aunque se aconseja retrasar la introducción de alimentos con alta capacidad alergénica hasta los 12 meses de edad.


Capítulo anterior

anterior
Nutrición en la lactancia

Inicio del artículo

inicio
Nutrición en el
ciclo de la vida

Capítulo siguiente

articulo posterior
Nutrición de
1 a 3 años

Comparte en:


Citar como:

LORENZO CORCHÓN, A.. \"Nutrición en el recién nacido\". asturnatura.com [en línea] Num. 447, [consultado el 12/12/2018]. Disponible en <https://www.asturnatura.com/articulos/nutricion/ciclo-vida/nutricion-recien-nacido.php> . ISSN 1887-5068