Nutrición en la adolescencia



En la pubertad, con la maduración de eje hipotálamo-hipófisis-gónadas, comienza el crecimiento de los órganos genitales y una serie de cambios físicos y psicológicos que llevarán al niño a la edad adulta. Se caracteriza por una aceleración global del crecimiento y de la maduración, que modifican los requerimientos nutricionales.
Las niñas suelen presentar el brote de crecimiento puberal hacia los 10 -11 años y acaba entre los 14 y los 15, mientras que en los varones se retrasa unos 2 años, comenzando hacia los 12 y acabando hacia los 18. Las niñas por lo tanto, a una misma edad, crecen y aumentan de peso más rápidamente que los varones. La composición corporal varía y adquiere las características sexuales diferenciales, así en las mujeres aumenta el compartimento graso, se incrementa la relación cintura cadera y con respecto a los hombres, tienen una estructura ósea.

diferente con hombros más estrechos y piernas más cortas en relación al tronco. Por su parte en los varones, el porcentaje de grasa corporal disminuye, aumenta el diámetro de los hombros y crecen las piernas. El "pico" del estirón puberal es muy variable y tiene un valor promedio de 9,5 cm al año en los niños y de 8,5 cm en las niñas. En estas la menarquia ocurre al año siguiente del pico de crecimiento máximo y luego sigue una etapa de crecimiento lento.

Debida la variabilidad en la edad de comienzo de la pubertad y en la rapidez de evolución de la misma, a la hora de evaluar los requerimientos nutricionales en los adolescentes, es más eficaz valorar la edad de maduración sexual o la ósea que la edad cronológica. Los cambios en la composición corporal tienen una clara repercusión nutricional, en especial en cuanto a las necesidades energéticas, que aumentan tanto por el gasto anabólico como por el incremento en la cantidad de masa celular activa.

Otro punto importante es el adecuado aporte de minerales para la formación del esqueleto ya que es el momento de mayor ganancia de masa ósea. Existe asincronía entre la ganancia en altura y el crecimiento de la masa ósea, fenómeno responsable de la gran frecuencia de fracturas en los adolescentes. La ingesta de una cantidad adecuada de calcio, fósforo y vitamina D cobra, en estas edades, gran relevancia.


Al mismo tiempo que el cuerpo cambia, se establece el final de la maduración psicológica. Suele ser una etapa de crisis en la que el individuo lucha por mostrar su autonomía a la vez que se ve influido por su entorno y cobra importancia la opinión de los demás y los sentimientos de grupo y generación. Todo esto puede influir de manera importante en los hábitos alimentarios de la persona y en el establecimiento de patrones dietéticos "extraños", con frecuencia restrictivos y desequilibrados, que pueden comprometer su salud presente y futura. Los trastornos de la conducta alimentaria, tienen en estas edades las incidencias máximas.

Requerimientos Nutricionales

La nutrición adecuada en esta época proporciona la energía y nutrientes adecuados para el crecimiento y las necesidades basales, pero también interactúa con las hormonas responsables de los cambios puberales, de forma que un aporte insuficiente de nutrientes inhibe la secreción de hormonas responsables del crecimiento deteniendo el proceso de la pubertad y condicionando, incluso, una menor ganancia de altura (estos procesos ocurren, por ejemplo, en los adolescentes con anorexia nerviosa).

Los principales problemas aparecen por un aporte energético no siempre suficiente debido a la ingesta inadecuada promovida por un ambiente sociocultural que prima la imagen de la delgadez. Por otro lado, el incremento en el consumo de alimentos fuera del hogar, lleva con frecuencia a una dieta nutricionalmente pobre, con un aporte de nutrientes bajo en relación a la energía que suministra, y a déficits en la ingesta de micronutrientes como vitamina C y D y minerales como el calcio y el hierro.

Ingestas recomendadas durante la adolescencia
Ingestas recomendadas durante la adolescencia

Las deficiencias en calcio y vitamina D provocarán alteraciones en la ganancia de masa ósea que ya no tendrán remedio en etapas posteriores de la vida. El desplazamiento del consumo de leche por el de refrescos, hace que disminuya el aporte de calcio, a la par que aumenta el de fosfatos, desequilibrando la relación Ca/P y favoreciendo la excreción del primero.

Por otro lado, las necesidades de hierro se ven muy aumentadas; en las niñas por la aparición de la menarquia y en los niños por el incremento de la masa muscular y del volumen plasmático necesario para alimentar los nuevos tejidos formados. La aparición de anemia sideropénica es muy frecuente en estas edades y debe controlarse.

Otras circunstancias que influyen en el estado nutricional de los adolescentes son el inicio en conductas aditivas como el consumo de alcohol, tabaco o drogas, que influyen en las necesidades de determinados nutrientes. Así mismo, es también la época en la que muchos individuos comienzan la práctica de deporte de competición que incrementará la demanda nutricional.

Importancia de la nutrición pediátrica en la salud del adulto

En los países subdesarrollados la alimentación infantil tiene como principal objetivo evitar la desnutrición y garantizar un adecuado crecimiento y desarrollo.

Con el crecimiento económico aumenta la prevalencia de ciertas patologías, de base genética pero importante influencia medioambiental, conocidas como enfermedades crónico-degenerativas y que son la causa de los principales índices de mortalidad en los países industrializados: las enfermedades cardiovasculares, la obesidad, la diabetes etc. Los estudios epidemiológicos han demostrado que la nutrición fetal, reflejo de la nutrición materna así como la dieta durante los primeros años de vida tienen una influencia definitiva en la aparición de estas enfermedades.

Como ejemplo, podemos decir que estudios de necropsias han demostrado la existencia de estrías lipídicas en las arterias de niños menores de 3 años y que son prácticamente constantes en niños de 10 años de edad independientemente de la raza, sexo o medio sociocultural de proveniencia. Si bien estas lesiones histológicas no son graves si pueden convertirse en auténticas placas de ateroma en la edad puberal y causar clínica en etapas posteriores de la vida.

A fin de disminuir el riesgo de desarrollar estas enfermedades debemos modificar los patrones dietéticos actuales, desde la infancia:

• Equilibrar ingesta energéticas para que mantenga un adecuado ritmo de crecimiento y un buen estado de salud, pero que no produzca aumento excesivo de peso.

• Limitar el aporte de grasa a un 30-35% de la ingesta calórica y de ácidos grasos saturados, a un 8-12% de la misma a la vez que se mantiene un aporte de ácidos grasos poliinsaturados del 10%; recomendándose el consumo de pescado, pollo, carne magra, legumbres, frutas, hortalizas y verduras.

• Incrementar la ingesta de hidratos de carbono complejos y limitar el de simples (menos golosinas y bebidas azucaradas).

• Mantener el consumo de proteínas en un nivel moderado, no superando el doble de las raciones recomendadas en ningún grupo de edad. Dietas con alto contenido en proteínas animales se han asociado a ciertos tipos de cánceres, enfermedad coronaria y pérdidas de calcio (osteoporosis), por lo que menos del 35% de las proteínas de la dieta deben ser de origen animal.

• Realizar una dieta variada.

• Limitar la ingesta de sal.

• Mantener el aporte de calcio a través de un consumo adecuado de productos lácteos.

• Evitar suplementos dietéticos que excedan las recomendaciones.

• Realizar ejercicio físico a diario.


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Citar como:

LORENZO CORCHÓN, A.. \"Nutrición en la adolescencia\". asturnatura.com [en línea] Num. 447, [consultado el 16/12/2018]. Disponible en <https://www.asturnatura.com/articulos/nutricion/ciclo-vida/nutricion-adolescencia.php> . ISSN 1887-5068