Cambios fisiológicos y bioquímicos durante la gestación



Introducción

La gestación es uno de los periodos de mayor demanda nutricional en la vida de una mujer ya que el aporte de nutrientes debe cubrir las necesidades de dos seres: la madre y el feto en crecimiento, garantizando la salud y bienestar de ambos. El estado nutricional del feto es dependiente exclusivamente de estado nutricional de la madre y así, para algunos nutrientes, el estado del feto se mantiene a expensas del de la madre, para otros ambos compiten en igualdad de condiciones, mientras que para otros las consecuencias de una carencia son mucho peores en el feto que para la madre.
De manera esquemática y resumida podríamos definir los requerimientos nutricionales durante las distintas etapas de la gestación como sigue:

  • Primer trimestre. Es una fase de crecimiento fetal muy rápido, por lo que cualquier carencia en un determinado nutriente durante esta época puede dar lugar a alteraciones irreversibles en el feto. Se necesita por lo tanto, un aporte nutricional de muy buena calidad, sin que las necesidades calóricas varíen apenas. Se precisan alimentos nutricionalmente muy densos.
  • Segundo trimestre. Continúa el crecimiento fetal y en especial el desarrollo de huesos. Es la fase en el que se establece el depósito graso materno, destinado a garantizar una lactancia adecuada. El aporte calórico es fundamental ya que una restricción energética en esta época comprometerá la lactancia futura.
  • Tercer trimestre. En los últimos meses el feto multiplica su peso por 5, por lo que la demanda de energía y nutrientes se incrementa.


Cambios fisiológicos y bioquímicos durante la gestación

La mujer gestante sufre una serie de cambios fisiológicos que son adaptaciones destinadas a que la gestación llegue a buen término y a afrontar la siguiente etapa: la lactancia. Estas adaptaciones permiten una adecuada nutrición incluso con una cantidad de ingesta menor que la que correspondería teniendo en cuenta las demandas feto-maternales.

Cambios Hormonales

Los cambios en la secreción hormonal permiten un cambio en la dirección de los nutrientes, que se dirigen hacia la placenta, para favorecer la transferencia de los mismos al feto y promover su crecimiento. Las hormonas que más van a influenciar en el metabolismo de madre e hijo son: hormonas esteroideas, gonadotropina coriónica y lactógeno placentario.

Durante la primera mitad de la gestación la elevación de los estrógenos y la progesterona estimula a las células ß del páncreas, las cuales responden liberando más insulina, que a su vez aumenta los depósitos de glucógeno y la utilización periférica de glucosa, todo lo cual da lugar a cambios anabólicos. Asimismo se induce el depósito de grasa mediante el incremento de la síntesis lipídica, la inhibición de la lipólisis y la hipertrofia de los adipocitos. Durante la segunda mitad, al aumentar el lactógeno placentario, los lípidos se movilizan y utilizan.

Aumento en el volumen sanguíneo y cambios en la composición de la sangre y en el sistema cardiovascular.

Durante el embarazo el volumen sanguíneo aumenta en un 50%, debido a la expansión del volumen plasmático y del número de hematíes. Como consecuencia se produce el fenómeno de hemodilución que conlleva un descenso del 20% en las cifras de hemoglobina y del 15% en el hematocrito. También disminuye la concentración plasmática de albúmina, hipoproteinemia que contribuye a la acumulación de líquidos extracelulares durante el embarazo.

Por el contrario las lipoproteínas sufren un incremento, especialmente las lipoproteínas de muy baja densidad o VLDL. El colesterol y los ácidos grasos libres aumentan, especialmente el ácido araquidónico y el DHEA, probablemente por una mayor movilización de los depósitos maternos de los mismos; los ácidos grasos de cadena larga, tanto los ?-3 como los ?-6, descienden progresivamente a lo largo de todo el embarazo por aumento de la captación fetal.

Por otra parte el corazón aumenta su tamaño y con ello el gasto cardiaco hasta aproximadamente 1,5 l/min.; la frecuencia cardiaca se incrementa en unos 15 latidos/min. mientras que la presión arterial sistólica se mantiene sin cambios, la diastólica disminuye al inicio del embarazo para ascender gradualmente hacia la semana 26-28.

Modificaciones en la función gastrointestinal

La acción de la progesterona sobre el músculo liso, produce un enlentecimiento de los movimientos peristálticos en todo el aparato digestivo que tiene como finalidad favorecer la absorción de nutrientes, pero puede dar lugar a la aparición de estreñimiento, el cual se ve agravado en las últimas etapas de la gestación, por presión directa del útero sobre el recto.

Los esfínteres se relajan y como consecuencia aparecen regurgitaciones y ardor esofágico.

En el primer trimestre la situación hormonal provoca náuseas y vómitos que pueden afectar a la ingesta; posteriormente puede incrementarse la sensación de apetito lo que puede dar lugar a un aumento excesivo de peso; también es común el desarrollo de aversiones y preferencias a determinados alimentos, fenómeno que si bien es un hecho evidente, no tiene ninguna explicación fisiológica.

Función renal

Se modifica para eliminar los productos del catabolismo materno y resto de sustancias que se originan en el feto y la placenta. La tasa de filtración glomerular aumenta hasta en un 50% y como consecuencia hay una mayor eliminación de glucosa (10 veces lo normal), de aminoácidos (2-7 veces lo normal) y de vitaminas hidrosolubles.

Cambios en la composición corporal. Aumento de peso

La ganancia de peso corporal es uno de los mejores indicativos de la evolución de la gestación y el mejor parámetro para determinar las modificaciones necesarias en la ingesta de energía y nutrientes y garantizar una gestación con éxito.

La ganancia dependerá del peso materno inicial y en mujeres con normopeso se aconseja que sea de entre 9-12 kilos; tanto incrementos menores como superiores, están relacionados con mayor morbimortalidad perinatal. Las mujeres con bajo peso pregestacional (IMC menor de 19,5); debe ganar entre 12-15 kg, mientras que a aquellas que presentan sobrepeso (IMC entre 25-30) se les aconseja ganar entre 6-9 kg; en general se recomienda que las mujeres de talla baja se mantengan en los límites inferiores de las recomendaciones, mientras que las embarazadas adolescentes deberían hacerlo siempre en los límites superiores. Independientemente de su peso pregestacional, en el caso de embarazo múltiple la ganancia debe ser de entre 14-18 kilos en el caso de gemelos y de al menos 25 kilos en el de trillizos.

El patrón de ganancia de peso es tan importante como la cantidad total. Así, durante el primer trimestre el peso puede mantenerse o incluso puede haber pequeñas pérdidas, aunque lo más común es que se gane entre 1 y 4 kilos. En el segundo y tercer trimestres la ganancia típica es de 0,5 kg a la semana, para las mujeres con normopeso; esta cifra debería se de 800 g en las de bajo peso pregestacional y de uno 300 g en las que presetaban sobrepeso inicial. Del total de peso incrementado a lo largo de la gestación, un 62% es debido a agua, un 30% a grasa y un 8% a proteína. Se considera que una ganancia inferior a 7 kilos supone un consumo de las reservas grasa mientras que una elevación mayor de 13 kg apuntan a un acúmulo excesivo de depósitos en los adipocitos.

El feto contribuye únicamente en un 25% al total del peso incrementado y es el que acumula un 60% del total de la proteína asimilada y un 10% de la grasa adquirida. El resto del tejido adiposo acumulado por la madre va a ser determinante para cubrir las necesidades del feto durante el final de la gestación y, como ya se ha comentado, para la lactación.



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Citar como:

LORENZO CORCHÓN, A.. \"Cambios fisiológicos y bioquímicos durante la gestación\". asturnatura.com [en línea] Num. 447, [consultado el 9/12/2018]. Disponible en <https://www.asturnatura.com/articulos/nutricion/ciclo-vida/cambios-en-la-gestacion.php> . ISSN 1887-5068