Las Mariposas. Formas de vida y alimentación



La vida del adulto puede ser tan corta como unos pocos días, justo el tiempo suficiente para procrear; vivir durante semanas, que es el caso más extendido entre las mariposas diurnas, o incluso casi un año, lo que sucede con las especies que invernan y vuelan otra vez en primavera (como Gonepteryx rhamni).
Los lepidópteros no poseen una temperatura corporal constante y dependen de las condiciones externas. Son únicamente activos dentro de unos límites definidos de temperatura, necesitando de una temperatura óptima. Se calientan ya sea a partir de los rayos directos del sol o bien a través del aire; por ellos mismos pueden sólo aumentar ligeramente su temperatura, por ejemplo, batiendo las alas. El aprovechamiento de la energía solar influye en el color de algunas mariposas: por eso muchas especies de montaña (como las erebias) tienen una coloración oscura que absorbe más radiación.

La defensa de los imagos ante un ataque de los depredadores suele ser la huida. Muchas especies, entre ellas gran parte de los satirinos, utilizan los apagados colores de sus alas para camuflarse al posarse, llegando incluso a orientarse de tal forma que produzcan la menor cantidad de sombra posible. Otras reproducen perfectamente en el reverso de sus alas la coloración y forma de las hojas entre las que se esconden. El ninfálido Inachis io, en caso de alarma, produce un sonido metálico con el frotamiento de las alas, a la vez que hace aparecer sus espectaculares ocelos. Se denomina "ocelos" a los lunares circulares que presentan muchas especies en las alas, y su función se desconoce, y así según algunos autores podrían tener una misión defensiva, pues al desplegar las alas repentinamente y mostrarlos al depredador podrían asustarlo consiguiendo el tiempo necesario para huir, podrían servir para llamar la atención de sus congéneres o ser el punto que el depredador atacase primero, con lo que la mariposa evitaría así que el ataque fuese dirigido a un punto vital y se posibilitaría su huida. La forma y colocación de estos ocelos resultan muy útiles para la identificación de algunas especies. Normalmente se componen de un halo, un anillo (generalmente de color negro) y una pupila, generalmente blanca. Cuando el ocelo carece de esta pupila se le denomina "ocelo ciego".


Muchas especies de lepidópteros presentan un marcado dimorfismo sexual externo, pues la coloración del macho difiere netamente de la de la hembra, tanto que pueden ser tomados por especies diferentes por personas no duchas en la identificación de estos seres. El dimorfismo afecta especialmente al anverso de las alas. Los piéridos y los licénidos constituyen el mejor ejemplo. El tamaño también puede diferenciar un sexo de otro: muchas hembras son de mayor tamaño que los machos. Los imagos pueden variar también geográficamente debido al aislamiento de las poblaciones, que evolucionan independientemente. Esta evolución es particularmente marcada cuando el aislamiento es antiguo y definitivo, como en el caso del Parnassius apollo o de algunas erebias, lo que da lugar en muchos casos a subespecies. Donde el aislamiento es imperfecto y las poblaciones se mantienen en contacto se producen transiciones graduales de unas formas a otras.

Otro tipo de variación o polimorfismo es la individual: un ejemplo lo tenemos en muchas especies de licénidos (Polyommatus icarus, Polyommatus bellargus...) en los que el anverso del macho es azul y el de la hembra marrón (en ocasiones la hembra también presenta una tonalidad azulada), y en el que casi todos los ejemplares presentan alguna diferencia entre sí, variación extrema que ocurre también en otras especies, como por ejemplo Coenonympha glycerion, gran parte de las Erebias, etc. Estas variaciones frecuentemente afectan a uno sólo de los sexos, como sucede por ejemplo con Colias crocea, con las fomas helice y helicina de la hembra, o con Argynnis paphia, con la forma valesina de la hembra. En ocasiones la variación es de tal grado que el ejemplar no se parece a ninguno de sus semejantes, con lo que se habla de formas aberrantes. Sus causas pueden radicar en la alimentación anormal de la oruga, choques térmicos, etc. Las formas teratológicas son aquellas en las que el individuo presenta malformaciones. Los ginandromorfos son ejemplares en los que las alas presentan simultáneamente la ornamentación correspondiente a los machos y a las hembras. Esta repartición de caracteres es muy variable, y es especialmente espectacular en las especies en el que el dimorfismo sexual es muy marcado. Otras formas (denominadas teratológicas) son bastante frecuentes y se producen por defectos durante el estadio de crisálida o problemas durante la emergencia; así podemos ver en ocasiones mariposas con las alas mal desplegadas que no podrán emprender el vuelo.

Algunas especies presentan una variabilidad genética muy notable, siendo el número de sus cromosomas bastante variable incluso entre

ejemplares que vuelan en el mismo lugar. Las variaciones estacionales son más raras, solamente unas pocas especies presentan alguna variabilidad, ya sea de color o de tamaño, siendo debidas a cambios en la temperatura, luminosidad, etc. Un ejemplo lo constituye Papilio machaon, con una generación veraniega denominada f. aestivus Zeller 1847.

Algunas especies, como muchos satirinos, tienen una única generación al año. Otras, como muchos piéridos, dos o más generaciones durante ese período de tiempo. Las condiciones meteorológicas anormales pueden adelantar o retrasar la emergencia, lo que constituye uno de los principales problemas para el aficionado a la observación de las mariposas.

>En cuanto a la alimentación, las orugas comen principalmente una o varios plantas, por lo que las mariposas y los vegetales se encuentran íntimamente relacionados, aunque generalmente las plantas se encuentran más ampliamente distribuidas que las propias mariposas y la presencia en un lugar determinado de una clase de planta es un indicio pero no asegura la de la mariposa que depende de ella. Debido a su dependencia de las plantas, las mariposas han debido asociar su ciclo vital al de éstas.

En su fase de imago la mayoría de las mariposas diurnas y nocturnas se alimentan a través de la espiritrompa, succionando sobre todo néctar de flores, pero también la savia de los árboles o el jugo de frutas maduras. Otras toman líquidos de los excrementos animales, de materias en descomposición, del sudor de personas o ganado, o se concentran en gran número (especialmente los machos) para aspirar agua de zonas húmedas del suelo, junto con las sustancias minerales disueltas en ella, que suplen las carencias de su dieta como oruga. Algunas mariposas (especialmente ciertas nocturnas) no se alimentan nunca, extrayendo la energía necesaria para la vida de las reservas que ha ido acumulando en su fase de oruga.

Algunas especies se aletargan durante la época invernal, limitando la absorción de alimento y aprovechándose de las reservas acumuladas. El letargo puede aparecer en el estadio del huevo, oruga, crisálida o imago. Aunque algunas especies invernan en forma de huevo, la mayoría lo hace en forma de oruga o de crisálida. Sólo unas pocas especies (como Gonepteryx rhamni, Vanessa atalanta, Parage aegeria...) superan el invierno en estado de adulto, y a algunas es posible verlas volar en días soleados de la estación fría.


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Citar como:

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, J.. \"Las Mariposas. Formas de vida y alimentación\". asturnatura.com [en línea] Num. 359, [consultado el 12/12/2018]. Disponible en <https://www.asturnatura.com/articulos/lepidopteros-mariposas/formas-vida-alimentacion.php> . ISSN 1887-5068