A menudo la Ciencia y la Técnica van de la mano en el progreso del conocimiento científico. Esto es particularmente cierto en el estudio de la célula. Las células son muy pequeñas y además complejas, de ahí que resulte difícil tanto observarlas como determinar sus características: composición química, funciones de sus componentes, etc. El estudio de la célula depende, por tanto, de los instrumentos de trabajo que se puedan usar. De hecho, los mayores avances en la biología celular han estado relacionadas con el descubrimiento de nuevas herramientas y métodos de estudio. Anton van Leeuwenhoek (1632-723), excelente microscopista, fue el primero que observó células vivas: espermatozoides, células sanguíneas, protozoos e incluso bacterias. Sin embargo, ni él ni sus contemporáneos comprendieron el significado de tales observaciones. El estudio científico de la célula no se inició hasta comienzos del siglo XIX, cuando gracias a la mejora de la calidad de los microscopios, éstos se convirtieron en instrumentos útiles e imprescindibles para la investigación. En pocos años se desarrolló la Teoría Celular, una de las generalizaciones más importantes del pensamiento biológico. Dicha teoría marca el nacimiento de la biología celular.

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LORENZO CORCHÓN, A. & MENÉNDEZ VALDERREY, J.L.. \"Introducción a la célula\". asturnatura.com [en línea] Num. 423, 06/05/2013 [consultado el 19/2/2018]. Disponible en <https://www.asturnatura.com/articulos/estructura-funcion-celular/inicio.php> . ISSN 1887-5068

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