1. Icnofósiles 2. Mecanismos defensivos 3. Hábitos alimentarios
Todos los esquemas © S. M. Gon III
En este capítulo veremos los principales aspectos ecológicos (paleoecológicos más bien) de la vida de los trilobites.Trataremos la importancia de sus icnofósiles, la alimentación y mecanismos defensivos.
En el artículo sobre el Jurásico asturiano hablamos sobre los icnofósiles y la paleoicnología (ver capítulo); a modo de resumen, los icnofósiles son los restos fosilizados de la actividad de organismos de épocas pasadas, y en lo referente a los trilobites podemos incluir entre ellas sus rastros fosilizados y los exuvios de las mudas. Proporcionan gran cantidad de información sobre la vida de sus creadores.
Entre los rastros, dependiendo de la actividad que se encontraba realizando el trilobite es posible diferenciar 3 tipos diferentes de rastros entre toda la variedad que existe:

La gran distribución de los trilobites en la Tierra durante el Paleozoico y su fuerte radiación les permitió ocupar todos los hábitats acuáticos, excepto los dulceacuícolas, y por tanto lograron adaptar su alimentación a estos nichos. La alimentación de las especies pelágicas, las de arrecife, bentónicas no era la misma y puede deducirse a partir de su morfología, especialmente de la forma del hipostoma, la estructura de las coxas de los apéndices y de la forma corporal. Así, es posible diferenciar los siguientes tipos principales:
En los mares paleozoicos los trilobites no vivían solos, sino que la presencia de otras especies y grupos animales o vegetales suponen la creación de una cadena trófica. Hemos visto antes en que consistía la alimentación de los trilobites, pero se ha de tener en cuenta que ellos eran la base de la alimentación de otros animales y que muchas de las características de los trilobites se desarrollarían como consecuencia de una guerra de armamentos para evitar su predación, siendo posiblemente la más importante de todas el logro de un exoesqueleto calcificado.
Se cree que el mayor predador de trilobites era Anomalocaris, un protoartrópodo del Cámbrico que alcanzaba medio metro de longitud. Era nadador y tenía en su parte anterior un par de apéndices que posiblemente empleara para atrapar trilobites. Sus apéndices eran espinosos para evitar que escaparan las presas. Sin embargo, para algunos autores, la estructura redondeada de la boca parece indicar más bien que se alimentaría de gusanos de cuerpo blando extraídos del sustrato y no de trilobites.
La presencia en el cuerpo del trilobite de espinas más o menos largas ayudaría a evitar su predación a la vez que podrían ayudar en la natación o estabilización del cuerpo en el sustrato.
Sin embargo, el mecanismo de defensa más característico de los trilobites es el enrollamiento, que como su nombre indica supone la adquisición por parte del trilobite de una forma de pelota de la que sobresalen las espinas torácicas o genales, exponiendo las duras partes calcificadas y protegiendo las delicadas partes ventrales en el interior de la pelota. Algo semejante a lo que realizan los crustáceos isópodos terrestres del género Armadillium. Para lograr esta capacidad de enrollamiento ha tenido gran importancia el desarrollo del tórax segmentado y articulado. A lo largo de la evolución se ha logrado mejorar enormemente la capacidad de enrollamiento hasta el punto de que se formaron costillas de unión o tubérculos entre la parte ventral del céfalon y el pigidio.
Dalmanites -
Comura