La paleontología es la ciencia que estudia los seres vivos que han poblado la tierra antes de nuestra época, sus relaciones y distrubución temporal; es por tanto una mezcla de dos ciencias, la biología y la geología, ya que pretende estudiar la flora y fauna pasadas, además de su ecología y distribución a lo largo de la escala geológica. Todo esto se resume en la misma palabra paleontología, que quiere decir "estudio de los seres antiguos".
La forma que tiene la paleontología de estudiar estos seres de épocas pasadas es mediante el estudio de los fósiles, que no son más que los restos, ya sean directos como un hueso o indirectos como una huella, que han dejado y perdurado hasta la actualidad. Se consideran fósiles cuando su antiguedad es superior a los 10.000 años.
Los fósiles se encuentran en rocas sedimentarias, que en su época fueron sedimentos, como barro o arena, que fueron depositados en los océanos, lagos, lagunas, ríos o arroyos. Es muy raro encontrarlos en las rocas metamórficas debido a las altas temperaturas y presiones que alcanzan en su transformación y lógicamente, es imposible encontrarlos en las rocas de origen magmático.
El proceso de fosilización es aquel en el que un organismo, algunas de sus partes, sus huellas o incluso los productos de su metabolismo, pasan a formar parte del registro fósil. Es un proceso complejo, que dura millones de años y puede considerarse una suerte que los restos perduren, ya que se ven sometidos a una serie de alteraciones que la mayor parte de las veces acaba con su pérdida.
Este proceso comienza con la muerte del organismo y el comienzo de su descomposición por el ataque de las bacterias, que incluso hasta pudo haber sido desarticulado por los depredadores que le dieron muerte y posteriormente comieron sus partes blandas. Cuanto menos tiempo esté el organismo expuesto al exterior más posibilidades hay de que fosilice, para lo cual, lo mejor es sufrir un enterramiento rápido. Este enterramiento puede producirse de variadas formas, como por ejemplo quedar en la desembocadura de un río, donde hay altos aportes de sedimentos, en la orilla de un río durante una avenida, quedarse atrapados en una zona fangosa o incluso bajo una lluvia de cenizas o tormenta de arena. El hermetismo de la envoltura es también importante para una correcta fosilización.
El primer paso de la fosilización es la desaparición de las partes blandas, que muy excepcionalmente son conservadas; así, existen insectos atrapados en ambar (resina fósil), vertebrados atrapados en charcas de petróleo o incluso se han hallado mamuts congelados en Siberia. Son las partes duras del organismo, como los huesos o conchas, las que son más fáciles de fosilizar. Cuando se eliminan las partes blandas y las duras quedan expuestas, comienza en ellas un proceso químico en el que se sustituyen los compuestos orgánicos del mismo por otros inorgánicos, conocido como mineralización. Dependiendo de la composición del organismo y del sedimento, habrá diferentes tipos de mineralización:
El proceso de fosilización es muy largo, y el reemplazo de las moléculas orgánicas por otras inogánicas dura millones de años, hasta que el resto se haya transformado completamente dando como resultado una piedra mucho más pesada que el original. El último proceso consiste en el desenterramiento, que es llevado a cabo por la erosión de la roca donde se encontraba enterrado el organismo. De esta forma el fósil queda a la vista y puede ser recogido con cuidado para ser estudiado (fotografía derecha, equisetácea fósil, Faro de Tazones, © Juan Luis Menéndez).
Hay muchos tipos de fósiles, que se pueden engoblar entre los cinco siguientes tipos:
Entre estas actividades existen excavaciones de galerías en materiales duros (borings), en sustratos blandos (burrows, fotografía derecha, Faro de Tazones © Juan Luis Menéndez), o marcas de paso o desplazamiento en sedimentos blandos (pistas o icnitas). Las excavaciones suelen tener como fin buscar refugio o alimento, siendo la estructura de unas u otras diferentes según su uso. Sin embargo, las que trataremos en este artículo con mayor profundidad, son las icnitas o huellas de pisada dejadas por organismos hace millones de años. La ciencia que estudia las icnitas se conoce como paleoicnología, y al igual que la paleontología, puede dividirse en paleoicnología de vertebrados, de invertebrados o de vegetales. En concreto, las icnitas que trataremos en los siguientes capítulo son aquellas dejadas por los dinosaurios en la costa asturiana durante el mesozoico, habiendo en esta zona alguno de los mejores yacimientos del mundo en este sentido, ya que han proporcionado una serie de icnofósiles, que por su número y valor científico los hacen inconparables.